Te alumbraba con el reflejo de un espejo
Arrancabas ¿de quién? Entre pasos apurados
El bulto de tu figura se perdía en la negrura, te alumbraba.
miércoles, agosto 29, 2018
domingo, mayo 06, 2018
Otras cosas y el sentido
Las cosas quedaron así: suspendidas por un prolongado momento. Quizá la falta de datos hacía más difícil la tarea de dar sentido a esas cosas -¿Tus padres aún están juntos? –No, cada uno está en su propio mundo. Quizá sea mejor así después de todo. -La brisa fría soplaba amable sobre el rostro de ambos niños.
Y estas cosas ‘mundanas’ que le puede ocurrir a cualquiera, van formando una historia, digo, un presente de un individuo que luego se adormecerá entre abrazos de año nuevo, promociones en su trabajo, las buenas y malas noticias, los cambios de paisajes; en general , todas esas cosas que simplemente suceden. La vida misma -¿Recuerda haber estado en Córcega, recolectando frutos de temporada? –Nunca he estado en Córcega ¿usted si? –No, tampoco; pero me hubiese gustado estar allá cosechando algunos frutos.-La mirada insistía en un paisaje de una supuesta Córcega y de campos llenos de frutos.
El sentido resbala sobre lo monolítico de las ideas; estas quedan ahí, como columnas de roca en un paisaje desértico -¿Cómo se llaman esas columnas de hielo que abundan en los paisajes helados a gran altura? -¿Se refiere usted a los penitentes que se pueden encontrar en los andes? -¡Exacto! Penitentes…
A medida que avanza el tren por su ruta de hierro, de sus ventanas salen disparadas las miradas de los pasajeros en todas direcciones, haciendo de esto una sola mirada colectiva que lo absorbe todo de una realidad siempre indiferente ¡Qué hermoso! ¡Un carro de fierro vivo que se desplaza con sus ojos facetados!
Y estas cosas ‘mundanas’ que le puede ocurrir a cualquiera, van formando una historia, digo, un presente de un individuo que luego se adormecerá entre abrazos de año nuevo, promociones en su trabajo, las buenas y malas noticias, los cambios de paisajes; en general , todas esas cosas que simplemente suceden. La vida misma -¿Recuerda haber estado en Córcega, recolectando frutos de temporada? –Nunca he estado en Córcega ¿usted si? –No, tampoco; pero me hubiese gustado estar allá cosechando algunos frutos.-La mirada insistía en un paisaje de una supuesta Córcega y de campos llenos de frutos.
El sentido resbala sobre lo monolítico de las ideas; estas quedan ahí, como columnas de roca en un paisaje desértico -¿Cómo se llaman esas columnas de hielo que abundan en los paisajes helados a gran altura? -¿Se refiere usted a los penitentes que se pueden encontrar en los andes? -¡Exacto! Penitentes…
A medida que avanza el tren por su ruta de hierro, de sus ventanas salen disparadas las miradas de los pasajeros en todas direcciones, haciendo de esto una sola mirada colectiva que lo absorbe todo de una realidad siempre indiferente ¡Qué hermoso! ¡Un carro de fierro vivo que se desplaza con sus ojos facetados!
lunes, marzo 19, 2018
Primero de otoño
Los soles en el cenit no queman tu cabeza; apenas la besan
El cuerpo quieto nada dice, nada interroga
Se sublima, a veces, cayendo sobre el mismo piso
Silente.
Ecos de un pasado golpean tu espalda como piedras arrojadas con odio
Las impulsa una mano atrabiliaria que guardó todo lejos de tus ojos
Borró caminos, también leyendas; señales, indicio: todo
Los ojos aprendieron a ver con trozos de cristales que guardaste en tu memoria
Fueron tu guía y calidoscopio.
No te inquieta la memoria de collage porque entiendes los bordes
¿Intuías que la magia está en los bordes, siempre?
El cuerpo quieto nada dice, nada interroga
Se sublima, a veces, cayendo sobre el mismo piso
Silente.
Ecos de un pasado golpean tu espalda como piedras arrojadas con odio
Las impulsa una mano atrabiliaria que guardó todo lejos de tus ojos
Borró caminos, también leyendas; señales, indicio: todo
Los ojos aprendieron a ver con trozos de cristales que guardaste en tu memoria
Fueron tu guía y calidoscopio.
No te inquieta la memoria de collage porque entiendes los bordes
¿Intuías que la magia está en los bordes, siempre?
miércoles, febrero 07, 2018
Intermedio XVII
Entre manos tengo ‘Cuentos completos (Vol. I y II)’ de Julio Cortázar. La lectura va suave, tranquila; un poco a
gotas, como hace tiempo no lo lograba. Con algunos títulos me vienen imágenes de tiempo de escuela y profesores; otros, que no había leído, apenas puedo distinguir las formas que propone el texto. Ni siquiera eso me inquieta: lo disfruto desde la falta total de referencias.
Cortázar no hubiese resultado hoy. Es de su tiempo y solo de ese. Desde ese tiempo lanzó sus escritos para ese público que seguro él intuía; un público que estaría muchos años adelante esperando encontrarse con sus escritos.
Cortázar no hubiese resultado hoy. Es de su tiempo y solo de ese. Desde ese tiempo lanzó sus escritos para ese público que seguro él intuía; un público que estaría muchos años adelante esperando encontrarse con sus escritos.
martes, noviembre 07, 2017
Café breve
Descansar el cuerpo bajo la sombra de tu silencio. Apoyar mi cabeza y mirar de lado la ocurrencia de las cosas. Sentir la indiferencia del paisaje solo para caer en cuenta que el café se enfría sobre una mesa limpia, plana, extensa; tomaría media vida recorrer sus extremos. Un reflejo caliente del sol juega al funámbulo en sus bordes ¿Te he dicho que me has construido de lejos; que descansando en esta sombra, tu sombra, el tiempo ha encontrado sosiego? Vórtices de aire caliente danzan sobre la mesa fría; corro hacia uno de ellos: me engulle.
miércoles, agosto 30, 2017
La pausa del escarabajo
Sorprendes con tu presencia iridiscente; las formas de tu vuelo se mantienen en la retina mientras, ahora, descansas sobre una rama que te sostiene. Nada conmueve tu existencia; ningún apuro aborda tu presente; el sol, el viento, la humedad sostenida en el techo del cielo hecho nubes, forman tu paisaje. Mueves tu cuerpo arcano en dirección a la punta de tu rama: la has hecho tuya, tu territorio momentáneo; y allí, enfrentas al sol que guarda a salvo de tu olvido, la ruta de tu viaje. El viento sacude tu territorio, mece la rama; lees en la luz tu próxima partida. Despliegas tus élitros y emprendes vuelo.
lunes, junio 12, 2017
Paisaje de playa con hombre
Al parecer ha encontrado en ese paisaje una ventana por donde arrancar por un momento, escabullirse como lo hacía de niño, pero ahora para siempre.
Desprecia el mar por su salobre monotonía, por ese sonido efervescente de las olas al recogerse de la orilla. Quizá había un mapa astral al botar el puñado de arena que de manera breve sostuviera en su mano, y el destello de los granos sujetos a su palma propusieran una ruta alternativa... Pero la obviedad fue más fuerte en ese momento: sacudió con la otra mano, los granos de aquel universo contenido.
Desprecia el mar por su salobre monotonía, por ese sonido efervescente de las olas al recogerse de la orilla. Quizá había un mapa astral al botar el puñado de arena que de manera breve sostuviera en su mano, y el destello de los granos sujetos a su palma propusieran una ruta alternativa... Pero la obviedad fue más fuerte en ese momento: sacudió con la otra mano, los granos de aquel universo contenido.
lunes, mayo 22, 2017
Santiago 1981
El sonido de la música era envolvente en toda la casa; hasta en la pieza más alejada de la sala principal se podía escuchar el ritmo y la conversación que fluía animadamente entre los asistentes. Estábamos compartiendo recuerdos y nuevas promesas, pero también estábamos despidiéndonos un poco entre nosotros. Intuíamos que después de aquella noche y con las primeras luces de la mañana, comenzaría la marcha de todos los integrantes de aquel grupo en diferentes direcciones; que la compañía que nos habíamos prodigado durante la infancia, inexorablemente llegaba a su fin. Guardamos silencio ante aquella sensación de velocidad que adquirían nuestros pensamientos. Estaba ahí, entre nosotros, pero en ese momento y durante toda la noche, decidimos ignorarlo. Es cierto, mi alegría fue completa cuando apareciste en algún momento y ya no nos separamos durante toda la noche.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola. –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola. –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.
jueves, mayo 11, 2017
Elogio a un desaparecido
He de contarle, señor, que usted está parado exactamente donde no quería. Que sus sueños nacen muriendo un poco, otro poco, y así hasta que desaparecen en algo que bien podríamos llamar olvido. Imagino que usted lo encontrará injusto, entiendo, pero fíjese que es nuestro destino; nuestra grandeza hecha nada; nuestras miserias, también; triturada por el peso del tiempo, como en una gran tahona sideral hasta quedar convertida en polvo. Es casi poético, usted podrá decir, y tiene razón, existe algo de poesía en todo ello.
miércoles, abril 05, 2017
Intermedio XVI
No hace mucho, empecé
a recordar por trozos, un cuento que mi señor padre me relataba en mi niñez al
momento de darme las buenas noches. No era siempre que hacía esto, pero tampoco
me importaba mucho; yo sabía, y lo que es mejor, intuía todo su cariño. En fin,
este relato me lo contaba poniendo voces, gestos y todas esas cosas que me
hacían reír mucho. Según él, tenía que pensar muy bien por qué me provocaba
risa. Cosas del papá, que una vez con los años, entendí a cabalidad. El cuento
va más o menos así. Si puede imaginar las voces y gestos de este señor, mucho
mejor. Les dejo un saludo.
Piratas recursivos
Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…
Piratas recursivos
Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…
martes, enero 24, 2017
Arena negra
En la noche más obscura imaginable, donde distinguir sus propias manos era una tarea difícil de lograr, se movían siguiendo solo sus palabras y susurros. Entre esas sombras emergía la vida de aquella fatal sociedad. Guiados por la ascensión recta de los astros en el firmamento, aprovechaban de intercambiar alimentos celosamente producidos en el subsuelo, donde reunidos en pequeño grupo, se empeñaban en sobrevivir. Un viento cálido era la inexorable advertencia de un nuevo amanecer, entonces, presurosos se despedían con abrazos antes de desaparecer entre los túneles cavados en las laderas. Con los primeros rayos del astro regente, un paisaje desolador se podía apreciar en todas direcciones; llanuras interminables cubiertas por una arena negra que parecía abarcarlo todo y que según los más osados, se volvía de color ceniza cuando alcanzaba su máximo calor.
sábado, diciembre 17, 2016
Miércoles 9:40 a.m.
Salió irritado del vehículo; nada de portazo o cosa parecida. Sencillamente salió
molesto por algo que quedó dando vueltas en su cabeza. Su figura se sumó al flujo
de personas que avanzaba por la vereda, a esa ahora repleta, hasta desaparecer.
En el coche que ahora se ponía en movimiento, una mirada también disgustada, contemplaba
la escena que acabas de leer.
miércoles, noviembre 30, 2016
De mañana
Arreglarse el flequillo; mirarse otra vez al espejo; volver al peine y todo de nuevo. Así, como una porfía que nacía desde esa imagen suya rebotando infinito entre sus ojos y el vidrio.
martes, julio 12, 2016
La vendedora de perfumes
La feria estaba llena de gente que dispuso ese día sábado en la noche para deambular por el barrio. Una calle completa contenía los diferentes puestos que estaban ubicados a uno y otro lado de esta. La gente se movía lentamente frente a las improvisadas tiendas, mirando todo tipo de curiosidades dispuestas en los mostradores. Había de todo: libros, colecciones de pinturas, trabajos en diferentes telas, joyas, especias traídas de lugares exóticos, casi todo lo imaginable; un poco al estilo de un bazar de medio oriente pero realizado en un barrio de una ciudad occidental. Era un ambiente de fiesta y carnaval que todos disfrutaban en ese momento y en el que yo intentaba encajar. Recuerdo haber estado apretujado contra una vitrina que ofrecía diferentes tipos de rocas ornamentales, cuando dirigí la mirada a una mujer que tenía muchos frasquitos amarrados con un cordel puesto en su cuello a modo de collar. La quedé mirando por un momento y no pude evitar preguntar qué vendía –perfumes- contestó casi con pudor -¿perfumes?- volví a preguntar de manera ingenua –Sí, perfumes en base a plantas y aceites- Te ves extrañamente hermosa con tu collar –le comenté mientras recorría con la mirada los diferentes frasquitos y sus colores. Sonrió amable mientras me detallaba el nombre de cada uno de ellos y su mejor momento para usarlos –Quiero uno pero no sé cuál- Le dije con verdadero pudor. Se quedó mirándome un momento fijamente, esbozó una sonrisa regalándome todo su rostro, miró su collar y tomó un frasquito con un líquido aceitoso de color azul –Toma, este te quedará bien; póntelo ahora mismo- Lo tomé de su mano, lo abrí no sin un dejo de emoción y lo apliqué en mi cuello una vez –Nada más, es suficiente con eso- me advirtió, a la vez que con sus manos me invitaba a cerrar la botellita nuevamente. –Cuánto te debo- Pregunté –Es un aporte voluntario, tú pones el precio- Busqué en mi bolsillo y le dejé un billete que recibió con alegría. Los aceites comenzaban a mezclarse con la química de mi cuerpo y un suave aroma comenzó a envolverme completamente. –Que estés bien, fue un gusto conocerte- le dije. Me regaló una última sonrisa y nos separamos. El resto de la noche estuve recorriendo cada uno de los puestos, hablando, preguntando, sonriendo; me senté en improvisados locales a beber algo junto a toda esa gente; escuché historias de lugares que nunca visitaré, de gente que nunca conoceré. Un casi imperceptible cambio en la obscuridad anticipaba el fin de la noche. Dichoso como pocas veces, terminé junto a un acuarelista que ofrecía su trabajo. Pintadas a la luz de un pequeño anafe, capturó escenas de aquella feria que prometía terminar. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando vi un cuadro con un personaje que me era especial –Cómo se llama esta acuarela- Le pregunté. Todo en ese cuadro me era familiar, las sombras, los tonos dorados sobre los bultos, aquella mujer que ofrecía su mercancía a ese posible comprador, todo –La vendedora de perfume- respondió luego de echarle un vistazo –Lo quiero- Agregué, feliz.
jueves, abril 07, 2016
Oficina de partes
…¡Pero cómo, señor conde! Cómo es posible que estas cosas se dejen pasar por alto, sobre todo cuando afecta a un funcionario de manera directa. –Expresó su desazón mientras dejaba caer su mano sobre la mesa en un gesto casi teatral, como si la noticia le provocara algo parecido a un vulgar deliquio. –Hacer prevalecer prejuicios y engaños con fines egoístas es una conducta inaceptable.
-Señor secretario, no tengo responsabilidad en todo este asunto. –Respondió acompañado de un rictus tan propio de su investidura. –Las cosas así están dadas; negarse, por otro lado, resulta impropio para un alma que se supone está preparada para los embates de la política. –Realizó una pausa y continuó. -Los méritos de algunas personas están validados por la opinión de los demás; si a estas les resultan útiles, pues bien por aquellas; en caso contrario caerán en el desprecio o, en el mejor de los casos, en el olvido. –Con esta última palabra acompañó una mirada certera a los ojos del secretario quien había palidecido. Tomó su abrigo y preparó la retirada del pequeño y obscuro gabinete.
-Esto significa que nunca obtendré mi nombramiento en el ministerio. –pensaba en voz alta sin preocuparse que el conde estuviese junto a él. – Son todos una verdadera plaga, miserables cortesanos. -Un sudor frío cubrió su frente mientras que la imagen de aquella cena encantadora la noche anterior se volvía gris y triste. Recordó una mirada que recibió desde el extremo del salón y que ahora tomaba su real significado: no considerar la opción de mostrarse servil, al parecer se convertía en una pequeña piedra capaz de detener toda la maquinaria que había intentado mover en su favor. –No dejaré de mantener mis principios. –Continuó. –Si esto significa la eliminación de mi nombre de la lista de promoción, que así sea.
-Es usted un filósofo, señor secretario ¡Un verdadero filósofo! –Exclamó el conde con una sonrisa burlona mientras abandonaba con prisa el despacho.
-Señor secretario, no tengo responsabilidad en todo este asunto. –Respondió acompañado de un rictus tan propio de su investidura. –Las cosas así están dadas; negarse, por otro lado, resulta impropio para un alma que se supone está preparada para los embates de la política. –Realizó una pausa y continuó. -Los méritos de algunas personas están validados por la opinión de los demás; si a estas les resultan útiles, pues bien por aquellas; en caso contrario caerán en el desprecio o, en el mejor de los casos, en el olvido. –Con esta última palabra acompañó una mirada certera a los ojos del secretario quien había palidecido. Tomó su abrigo y preparó la retirada del pequeño y obscuro gabinete.
-Esto significa que nunca obtendré mi nombramiento en el ministerio. –pensaba en voz alta sin preocuparse que el conde estuviese junto a él. – Son todos una verdadera plaga, miserables cortesanos. -Un sudor frío cubrió su frente mientras que la imagen de aquella cena encantadora la noche anterior se volvía gris y triste. Recordó una mirada que recibió desde el extremo del salón y que ahora tomaba su real significado: no considerar la opción de mostrarse servil, al parecer se convertía en una pequeña piedra capaz de detener toda la maquinaria que había intentado mover en su favor. –No dejaré de mantener mis principios. –Continuó. –Si esto significa la eliminación de mi nombre de la lista de promoción, que así sea.
-Es usted un filósofo, señor secretario ¡Un verdadero filósofo! –Exclamó el conde con una sonrisa burlona mientras abandonaba con prisa el despacho.
jueves, marzo 31, 2016
Gibosa creciente
…Por suerte tenía a mano la libreta, estaba justo bajo la almohada y la podía tocar con los dedos; la tomé con cuidado y la abrí en la página indicada por la cinta. Lo bueno de las noches de invierno es su aire frío, lo que vuelve más estable la atmosfera; y si a esto sumamos una luna casi llena, se vuelve un regalo nocturno. Una porción de esta luz pálida entraba a borbotones por un extremo de la cortina, golpeando justo mi cama. Moví la libreta hasta la luz para leer unas líneas que había escrito esa mañana en el café de la esquina. Eran palabras sueltas, sin orden aparente, palabras que aparecieron casi como destellos y quedaron atrapadas en el papel. De aquellas, ahora releídas, solo quedaban imágenes y sonidos de una ciudad vertiginosa que nada da al que se lo pide y que sin embargo, permite que afloren textos como este.
miércoles, febrero 17, 2016
Intermedio XV
Tengo dos libros que me mantienen –Cómo decirlo…- un tanto alejado de la escritura. Los títulos son interesantes y estaban pendientes hace mucho tiempo. Se trata, el primero, de Plutarco y sus vidas paralelas; libro delicioso por decir lo menos, lleno de detalles interesantes entre grandes personajes de un mundo, ahora, muy lejano, pero curiosamente poseedores de una frescura según los describe su autor. El otro es uno larga e injustamente postergado; luego de leer Rojo y negro, pasé a otros autores que colmaron mi tiempo, dejando pendiente Roma, Nápoles y Florencia, ambos de Henri Beyle o mejor conocido como Stendhal. Es tiempo de saldar deuda con este francés.
Por lo general soy de un libro a la vez, pero la distancia entre uno y otro autor, me permite la lectura simultánea. No mentiré: está siendo entretenida estas ´Lecturas paralelas’.
Por lo general soy de un libro a la vez, pero la distancia entre uno y otro autor, me permite la lectura simultánea. No mentiré: está siendo entretenida estas ´Lecturas paralelas’.
viernes, enero 01, 2016
La manta recuperada
-¡Miren todos! ¡Acérquense! Verán cómo, ante sus ojos, desaparezco. –Le dijo a una multitud que comenzaba a reunirse en torno suyo. –Esto no es solamente magia, no; es un acto que reúne las fuerzas elementales de la física y que ustedes, por medio de una pequeña cooperación, tendrán la posibilidad de ver. –Alguno de los presente arrojaron una moneda a un sombrero que había dispuesto cerca de él. El público comenzó a mirar atentamente para descubrir cuál era el truco. -¡bien, señoras y señores! ¡Comienza el acto! –La gente puso mayor atención ante las palabras y vio como tomaba una manta negra que extendida, podía cubrirlo en su totalidad, inclusive el sombrero que estaba cerca de él. La movió sobre sus hombros con habilidad, permitiendo que en el movimiento se desplegara por completo; al dejar de moverla sobre su cabeza, la manta cayó sobre él cubriéndolo completamente. La sorpresa se apoderó de la gente al notar que la manta, una vez que diera las primeras formas del hombre bajo esta, comenzaba a caer sobre la calle sin dejar evidencia de su dueño. Perplejos se miraron unos a otros; se escucharon algunos tímidos aplausos; inclusive alguien exclamó un ¡Bravo! en solitario. Pero nada, la más absoluta ausencia del hombre comenzó a inquietarlos. Algunos se fueron presurosos, otros intercambiaron miradas. El público comenzó a retirarse. Pocos quedaron junto al lugar esperando que saliera de algún lado, pero nada, ni una muestra de la persona que había desaparecido delante de sus ojos. Luego aquellos también se fueron, solo un viejo vagabundo conocido en la ciudad se acercó para tomar la capa. Mientras la doblaba entre sus sucias ropas comentó para sí –Es increíble lo bien que me salió este truco en aquella oportunidad.
martes, diciembre 15, 2015
Trozo de niñez
Todo en ese cuarto era especial, partiendo por la obscuridad.
Su puerta de entrada, al final del corredor, hacía de punto final de todo lo conocido hasta ese momento. Pasado de aquel umbral, todo era desconocido. Tenía una ventana que se podía apreciar desde el patio exterior; muchas veces pensé, mientras jugaba, quién podría estar mirándome desde el otro lado de aquellas cortinas. Todo era suposición, misterio, imaginación. Hasta que llegó el día indicado; el momento justo para entender un misterio más sobre aquella casa. Disfrutando de la frescura de una mañana cualquiera, la puerta fue abierta por un hombre que se disponía a buscar algo desde su interior; saco un manojo de llaves desde sus ropas y seleccionando la indicada, la introdujo en la cerradura ante mi expectante mirada. La puerta se abrió suavemente ante la fuerza de su mano, dejando al descubierto su secreto interior apenas imaginado. Ingresé con una viva curiosidad; esperaba encontrarme con la persona que me miraba mientras jugaba en el patio exterior; con las cosas que acumulaba en tan absoluta obscuridad. Los pasos me llevaron hasta la claridad de la ventana la cual dibujaba la silueta de infinitas cosas amontonadas: quietas, frías, o quizá ahora muertas. Los vidrios de la doble ventana cubierto con una capa de polvo, con sus cortinas corridas como para que alguien se asomara. Nadie habitaba ese cuarto, pero sentía que estaba lleno de vida; me era familiar su temperatura, su aroma, las formas de las esquinas; la aspereza de la superficie de su puerta. Me asomé por la ventana esperando verme jugar en el patio –así lo creía-. El hombre, al abandonar el cuarto, me dijo algo que no fui capaz de retener en ese momento, pero su sonrisa y tierna mirada me dejó la evidencia que me entendía. Luego de aquella vivencia salí a recorrer mis lugares, feliz; satisfecho, podríamos decir. Al pasar por el patio exterior esa tarde en busca de aventuras, quedé mirando por un momento la ventana: ahí estaba ese niño feliz que ahora me saludaba.
Su puerta de entrada, al final del corredor, hacía de punto final de todo lo conocido hasta ese momento. Pasado de aquel umbral, todo era desconocido. Tenía una ventana que se podía apreciar desde el patio exterior; muchas veces pensé, mientras jugaba, quién podría estar mirándome desde el otro lado de aquellas cortinas. Todo era suposición, misterio, imaginación. Hasta que llegó el día indicado; el momento justo para entender un misterio más sobre aquella casa. Disfrutando de la frescura de una mañana cualquiera, la puerta fue abierta por un hombre que se disponía a buscar algo desde su interior; saco un manojo de llaves desde sus ropas y seleccionando la indicada, la introdujo en la cerradura ante mi expectante mirada. La puerta se abrió suavemente ante la fuerza de su mano, dejando al descubierto su secreto interior apenas imaginado. Ingresé con una viva curiosidad; esperaba encontrarme con la persona que me miraba mientras jugaba en el patio exterior; con las cosas que acumulaba en tan absoluta obscuridad. Los pasos me llevaron hasta la claridad de la ventana la cual dibujaba la silueta de infinitas cosas amontonadas: quietas, frías, o quizá ahora muertas. Los vidrios de la doble ventana cubierto con una capa de polvo, con sus cortinas corridas como para que alguien se asomara. Nadie habitaba ese cuarto, pero sentía que estaba lleno de vida; me era familiar su temperatura, su aroma, las formas de las esquinas; la aspereza de la superficie de su puerta. Me asomé por la ventana esperando verme jugar en el patio –así lo creía-. El hombre, al abandonar el cuarto, me dijo algo que no fui capaz de retener en ese momento, pero su sonrisa y tierna mirada me dejó la evidencia que me entendía. Luego de aquella vivencia salí a recorrer mis lugares, feliz; satisfecho, podríamos decir. Al pasar por el patio exterior esa tarde en busca de aventuras, quedé mirando por un momento la ventana: ahí estaba ese niño feliz que ahora me saludaba.
jueves, noviembre 19, 2015
Fragmento de invierno
-Hay unas aves que viven en la parte alta del tejado; se fueron huyendo del frío, pero volverán. Quizá nos hemos hecho amigos y no me he dado cuenta; ya no arrancan ante los portazos o mi impertinente transitar. –Se incorporó de su asiento y dio una mirada por la ventana corriendo con cuidado el visillo que caía con gracia cubriendo los cristales. Afuera la nieve caía con insistencia acumulándose en todos los rincones del jardín. El cuarto, entibiado por una pequeña estufa eléctrica, hacía agradable permanecer en su interior a la espera de una posible mejora en la condición climática. –Con esta tormenta no podremos bajar al pueblo por los otros; se tendrán que quedar en la hospedería junto a la iglesia. La misma en la que te alojaste hace dos años ¿Recuerdas? –Preguntó a su amigo mientras soltaba las cortinas. –Lo recuerdo muy bien; y la razón por la que tuve que pasar dos noches allí es la misma que retiene al resto del grupo ahora. -Guardó silencio para ordenar sus pensamientos con la excusa de tomar un sorbo de té. Su anfitrión, que en ese momento volvía a su asiento, le miro con aprecio entendiendo el gesto. -¿Por qué te empeñas en aislarte toda la temporada de invierno aquí? –Preguntó, al tiempo que dejaba descansar la taza en el platillo que estaba sobre una mesita de madera que lucía una hermosa pátina adquirida con el paso de los años. -¡Acompáñame! Ponte el abrigo y salgamos; quiero enseñarte algo. –Le respondió con entusiasmo. Su invitado no pudo hacer otra cosa que dejarse llevar por la insospechada invitación; tomó su abrigo y se dispuso a seguir a su compañero que tomaba la delantera. Salieron del cuarto que daba a un pasillo que terminaba en una escalera que los condujo a la planta baja. Al abrir la puerta principal, una masa de aire helado les salió al paso; se apreciaba rastros de la tormenta en las esquinas del corredor exterior; unos metros más allá, estaba la escala de piedra de cuatro peldaños que daba a una especie de explanada empedrada que terminaba en un mirador. Llegaron hasta ese punto luego de sortear con esfuerzo la barrera natural impuesta por la nieve. Se aproximaron lo más posible al borde y se quedaron contemplando el paisaje. La nieve caía con insistencia envuelta en un vaho blanco que se prolongaba hasta borrar las cumbres más altas. –Dime. –Preguntó a su amigo que se encontraba absorto ante el paisaje. -¿escuchas algún sonido? –Aquel se le quedó mirando un momento mientras aguzaba su oído en busca de algún sonido. Pero nada: solo escuchaba su respiración; el más absoluto silencio los envolvía en ese momento. –No se percibe sonido alguno. –Contestó.
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