Si no ha tenido un racimo de uvas en sus manos es mejor que no siga, no intente seguir porque necesitará la experiencia de haber sentido el peso de los granos, la forma de las semillas, el tanino escondido en su hollejo, pero sobre todo el dulzor de su pulpa jugosa. ¿Recuerda la explosión de sabor al romperla en la boca?
Incontables veces.