lunes, mayo 22, 2017

Santiago 1981

El sonido de la música era envolvente en toda la casa; hasta en la pieza más alejada de la sala principal se podía escuchar el ritmo y la conversación que fluía animadamente entre los asistentes. Estábamos compartiendo recuerdos y nuevas promesas,  pero también  estábamos despidiéndonos un poco entre nosotros. Intuíamos  que después de aquella noche y con las primeras luces de la mañana, comenzaría la marcha de todos los integrantes de aquel grupo en diferentes direcciones; que la compañía que nos habíamos prodigado durante la infancia, inexorablemente llegaba a su fin. Guardamos  silencio ante aquella sensación de velocidad que adquirían nuestros pensamientos. Estaba ahí, entre nosotros, pero en ese momento y durante toda la noche, decidimos ignorarlo. Es cierto, mi alegría fue completa cuando apareciste en algún momento y ya no nos separamos durante toda la noche.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola.  –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.

jueves, mayo 11, 2017

Elogio a un desaparecido

He de contarle, señor, que usted está parado exactamente donde no quería. Que sus sueños nacen muriendo un poco, otro poco, y así hasta que desaparecen en algo que bien podríamos llamar olvido. Imagino que usted lo encontrará injusto, entiendo, pero fíjese que es nuestro destino; nuestra grandeza hecha nada; nuestras miserias, también; triturada por el peso del tiempo, como en una gran tahona sideral hasta quedar convertida en polvo. Es casi poético, usted podrá decir, y tiene razón, existe algo de poesía en todo ello.

miércoles, abril 05, 2017

Intermedio XVI

No hace mucho, empecé a recordar por trozos, un cuento que mi señor padre me relataba en mi niñez al momento de darme las buenas noches. No era siempre que hacía esto, pero tampoco me importaba mucho; yo sabía, y lo que es mejor, intuía todo su cariño. En fin, este relato me lo contaba poniendo voces, gestos y todas esas cosas que me hacían reír mucho. Según él, tenía que pensar muy bien por qué me provocaba risa. Cosas del papá, que una vez con los años, entendí a cabalidad. El cuento va más o menos así. Si puede imaginar las voces y gestos de este señor, mucho mejor. Les dejo un saludo.

Piratas recursivos

Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…

martes, enero 24, 2017

Arena negra

En la noche más obscura imaginable, donde distinguir sus propias manos era una tarea difícil de lograr, se movían siguiendo solo sus palabras y susurros. Entre esas sombras emergía la vida de aquella fatal sociedad. Guiados por la ascensión recta de los astros en el firmamento, aprovechaban de intercambiar alimentos celosamente producidos en el subsuelo, donde reunidos en pequeño grupo, se empeñaban en sobrevivir. Un viento cálido era la inexorable advertencia de un nuevo amanecer, entonces, presurosos se despedían con abrazos antes de desaparecer entre los túneles cavados en las laderas. Con los primeros rayos del astro regente, un paisaje desolador se podía apreciar en todas direcciones; llanuras interminables cubiertas por una arena negra que parecía abarcarlo todo y que según los más osados, se volvía de color ceniza cuando alcanzaba su máximo calor.

sábado, diciembre 17, 2016

Miércoles  9:40 a.m.

Salió irritado del vehículo; nada de portazo o cosa parecida. Sencillamente salió molesto por algo que quedó dando vueltas en su cabeza. Su figura se sumó al flujo de personas que avanzaba por la vereda, a esa ahora repleta, hasta desaparecer. En el coche que ahora se ponía en movimiento, una mirada también disgustada, contemplaba la escena que acabas de leer.

miércoles, noviembre 30, 2016

De mañana

Arreglarse el flequillo; mirarse otra vez al espejo; volver al peine y todo de nuevo. Así, como una porfía que nacía desde esa imagen suya rebotando infinito entre sus ojos y el vidrio.

martes, julio 12, 2016

La vendedora de perfumes

La feria estaba llena de gente que dispuso ese día sábado en la noche para deambular por el barrio. Una calle completa contenía los diferentes puestos que estaban ubicados a uno y otro lado de esta. La gente se movía lentamente frente a las improvisadas tiendas, mirando todo tipo de curiosidades dispuestas en los mostradores. Había de todo: libros, colecciones de pinturas, trabajos en diferentes telas, joyas, especias traídas de lugares exóticos, casi todo lo imaginable; un poco al estilo de un bazar de medio oriente pero realizado en un barrio de una ciudad occidental. Era un ambiente de fiesta y carnaval que todos disfrutaban en ese momento y en el que yo intentaba encajar. Recuerdo haber estado apretujado contra una vitrina que ofrecía diferentes tipos de rocas ornamentales, cuando dirigí la mirada a una mujer que tenía muchos frasquitos amarrados con un  cordel puesto en su cuello a modo de collar. La quedé mirando por un momento y no pude evitar preguntar qué vendía –perfumes- contestó casi con pudor -¿perfumes?- volví a preguntar de manera ingenua –Sí, perfumes en base a plantas y aceites- Te ves extrañamente hermosa con tu collar –le comenté mientras recorría con la mirada los diferentes frasquitos y sus colores. Sonrió amable mientras me detallaba el nombre de cada uno de ellos y su mejor momento para usarlos –Quiero uno pero no sé cuál- Le dije con verdadero pudor. Se quedó mirándome un momento fijamente, esbozó una sonrisa regalándome todo su rostro, miró su collar y tomó un frasquito con un líquido aceitoso de color azul –Toma, este te quedará bien; póntelo ahora mismo- Lo tomé de su mano, lo abrí no sin un dejo de emoción y lo apliqué en mi cuello una vez –Nada más, es suficiente con eso- me advirtió, a la vez que con sus manos me invitaba a cerrar la botellita nuevamente. –Cuánto te debo- Pregunté –Es un aporte voluntario, tú pones el precio- Busqué en mi bolsillo y le dejé un billete que recibió con alegría. Los aceites comenzaban a mezclarse con la química de mi cuerpo y un suave aroma comenzó a envolverme completamente. –Que estés bien, fue un gusto conocerte- le dije. Me regaló una última sonrisa y nos separamos. El resto de la noche estuve recorriendo cada uno de los puestos, hablando, preguntando, sonriendo; me senté en improvisados locales a beber algo junto a toda esa gente; escuché historias de lugares que nunca visitaré, de gente que nunca conoceré. Un casi imperceptible cambio en la obscuridad anticipaba el fin de la noche. Dichoso como pocas veces, terminé junto a un acuarelista que ofrecía su trabajo. Pintadas a la luz de un pequeño anafe, capturó escenas de aquella feria que prometía terminar. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando vi un cuadro con un personaje que me era especial –Cómo se llama esta acuarela- Le pregunté. Todo en ese cuadro me era familiar, las sombras, los tonos dorados sobre los bultos, aquella mujer que ofrecía su mercancía a ese posible comprador, todo –La vendedora de perfume- respondió luego de echarle un vistazo  –Lo quiero- Agregué, feliz.

jueves, abril 07, 2016

Oficina de partes

…¡Pero cómo, señor conde! Cómo es posible que estas cosas se dejen pasar por alto, sobre todo cuando afecta a un funcionario de manera directa. –Expresó su desazón mientras dejaba caer su mano sobre la mesa en un gesto casi teatral, como si la noticia le provocara algo parecido a un vulgar deliquio. –Hacer prevalecer prejuicios y engaños con fines egoístas es una conducta inaceptable.
-Señor secretario, no tengo responsabilidad en todo este asunto. –Respondió acompañado de un rictus tan propio de su investidura. –Las cosas así están dadas; negarse, por otro lado, resulta impropio para un alma que se supone está preparada para los embates de la política. –Realizó una pausa y continuó. -Los méritos de algunas personas están validados por la opinión de los demás; si a estas les resultan útiles, pues bien por aquellas; en caso contrario caerán en el desprecio o, en el mejor de los casos, en el olvido.  –Con esta última palabra acompañó una mirada certera a los ojos del secretario quien había palidecido. Tomó su abrigo y preparó la retirada del pequeño y obscuro gabinete.
-Esto significa que nunca obtendré mi nombramiento en el ministerio. –pensaba en voz alta sin preocuparse que el conde estuviese junto a él. – Son todos una verdadera plaga, miserables cortesanos. -Un sudor frío cubrió su frente mientras que la imagen de aquella cena encantadora la noche anterior se volvía gris y triste. Recordó una mirada que recibió desde el extremo del salón y que ahora tomaba su real significado: no considerar la opción de mostrarse servil, al parecer se convertía en una pequeña piedra capaz de detener toda la maquinaria que había intentado mover en su favor. –No dejaré de mantener mis principios. –Continuó. –Si esto significa la eliminación de mi nombre de la lista de promoción, que así sea.
-Es usted un filósofo, señor secretario  ¡Un verdadero filósofo! –Exclamó el conde con una sonrisa burlona mientras abandonaba con prisa el despacho.

jueves, marzo 31, 2016

Gibosa creciente

…Por suerte tenía  a mano la libreta, estaba justo bajo  la almohada y la podía tocar con los dedos; la tomé con cuidado y la abrí en la página indicada por la cinta. Lo bueno de las noches de invierno es su aire frío, lo que vuelve más estable la atmosfera; y si a esto sumamos una luna casi llena, se vuelve un regalo nocturno. Una porción de esta luz pálida entraba a borbotones por un extremo de la cortina, golpeando justo mi cama. Moví la libreta hasta la luz para leer unas líneas que había escrito esa mañana en el café de la esquina. Eran palabras sueltas, sin orden aparente, palabras que aparecieron casi como destellos y quedaron atrapadas en el papel. De aquellas, ahora releídas, solo quedaban imágenes y sonidos de una ciudad vertiginosa que nada da al que se lo pide y que sin embargo, permite que afloren textos como este.

miércoles, febrero 17, 2016

Intermedio XV

Tengo dos libros que me mantienen –Cómo decirlo…- un tanto alejado de la escritura. Los títulos son interesantes y estaban pendientes hace mucho tiempo. Se trata, el primero, de Plutarco y sus vidas paralelas; libro delicioso por decir lo menos, lleno de detalles interesantes entre grandes personajes de un mundo, ahora, muy lejano, pero curiosamente poseedores de una frescura según los describe su autor. El otro es uno larga e injustamente postergado; luego de leer Rojo y negro, pasé a otros autores que colmaron mi tiempo, dejando pendiente Roma, Nápoles y Florencia, ambos de Henri Beyle o mejor conocido como Stendhal. Es tiempo de saldar deuda con este francés.
Por lo general soy de un libro a la vez, pero la distancia entre uno y otro autor, me permite la lectura simultánea. No mentiré: está siendo entretenida estas ´Lecturas paralelas’.