jueves, octubre 22, 2020

Estragón y Vladimir

-Vladimir… ¿Estás despierto?

- ¿Qué sucede, Estragón? Qué quieres ahora.

- Estaba pensando qué pasaría si nos fuéramos; si mañana al despertar emprendiéramos nuestro regreso a casa.

- … No sé qué pasaría; supongo que no podemos irnos aún, tenemos que esperar.

- Pero si no se presentara; si nunca apareciera por ese camino, Vladimir.

- Sí eso llegara a suceder, entonces nos podremos marchar.

 

Diálogo basado en la obra 'En attendant Godot'  de Samuel Beckett publicado 1952, Paris.

lunes, octubre 12, 2020

Neandertal

 Se encuentra guarecido en la caverna junto a su grupo, sentados alrededor de  un fuego protector siempre encendido al medio de aquella morada colectiva. Les queda poco tiempo sobre ese mundo prístino que fuera su hogar hasta ese momento. Su fin se acerca. Afuera, la obscuridad de la noche ha caído como un espeso manto cubriéndolo todo, momento en el cual emergen los depredadores naturales de aquella formidable progenie ¿Puedes escuchar el aullido del lobo, del oso merodeando en el lugar, del tigre al asecho de su posible presa? Neandertal  toma un trozo de leña encendida del fuego y asomándose nervioso a la noche, atisba con mirada segura su entorno;  se queda un momento mirando el cielo encendido de estrellas casi pudiéndolas tomar con su mano. Una le atrae más, la mira cada noche, la distingue de las otras. Aguza el oído, da una última oteada al paisaje nocturno y vuelve a entrar.

jueves, septiembre 24, 2020

Intermedio XIX

Estaba de espalda, tendido sobre un planchón de nieve a unos 3500msnm; la caminata de ascensión había comenzado a las 5 de la mañana y solo en ese momento tomé un descanso para recuperar algo de fuerzas y atacar la cumbre lo antes posible. La nitidez del cielo era abrumadora, con un azul tan intenso que me hacía suponer estar sumergido en él; la respiración agitada y el corazón a toda máquina haciendo fluir mi sangre. Y entonces ocurrió: apareció en mi campo visual, con toda majestuosidad, un cóndor andino de un tamaño imponente; mi cuerpo quedó petrificado, describió varios círculos sobre mí, sentí todo su poder y ventaja en ese escenario compartido; la altura a la cual realizaba su vuelo me daba la posibilidad de contemplar detalles que de otro modo solo encontraría en fotografías o videos; de su plumaje pude apreciar con toda claridad su hermosa golilla de plumas blancas en su cuello. 
De aquel encuentro, al recordarlo, indefectiblemente aparece la mirada inquisitoria de aquella formidable ave. Inclusive, al llegar a la cumbre con la alegría de haberlo logrado, de estar sobre los 3900msnm, con la vista que se perdía en todas direcciones sin límite; luego con la ruta de descenso sobre la nieve, bajando solo con la ayuda del piolet para controlar la velocidad; todos aquellos momentos están coronados por el encuentro con el espíritu de los Andes.

martes, septiembre 08, 2020

Café nocturno

Da lo mismo que se pierdan en aquellos extensos, infinitos caminos, retazos de sueños no vividos; que la muda palabra petrificada a orillas de aquellas rutas, suplicante como antaño lo fueran los sueños de personas ahora huesos. Nada rescatará con humano empeño ese extenso tiempo perdido; porque ahora nos gana el silencio, nos cubre el olvido; preámbulo piadoso de fresca y joven muerte, que posando sus labios sobre los nuestros, mudará en envejecida a esos ojos entonces muertos.

domingo, agosto 23, 2020

El sueño del escita

De las praderas aquellas, recorridas a caballo; de frente a un sol poniente, como en un esfuerzo de alcanzarlo y abrazar sus infernales llamaradas. Hombre y bestia derrotados por la distancia: impotentes ante la marcha inexorable de la estrella que se aleja.

miércoles, julio 22, 2020

Ciudad breve

Necesito un líder; busco a uno. No puedo más con estos errores míos.
Dejarse llevar por una pequeña idea, una palabra dicha por alguien al pasar; de esas palabras sueltas que se escuchan en el sistema de transporte público de una gran ciudad, por ejemplo. – ¿Conoces algo de latín? –Me interrogaba en una oportunidad mientras caminábamos por las calles adoquinadas de un sector del centro que recorríamos casi siempre en invierno. –La verdad, muy poco; algunas palabras que he ido sumando a lo largo de mi vida, pero nada más. –Contesté a su pregunta mientras en mi cabeza resonaba la palabra ‘rex’ escuchada y aprendida en su equivalente español durante mi infancia; podría decir casi con seguridad que fue la primera palabra aprendida del latín. – ¿Te imaginas esta conversación en latín? Imagina que todo occidente hablara latín. –Se quedó en silencio mirando el pasar de los adoquines bajo sus pisadas esperando mi respuesta. –Qué piensas de esto.  -Insistió mientras nos detuvimos frente a un semáforo en rojo. El sol se escondía entre las siluetas de las edificaciones, proyectando las sombras sobre nuestras cabezas; el día llegaba a su fin, del lado oriente se aproximaban las sombras frías de una agradable noche de invierno. –No creo posible tal ejercicio. –Comencé- Si me obligo a ello, si intento poner esa realidad, seríamos una escena chistosa, al mejor estilo de una parodia televisiva. –El semáforo cambió de color y nos pusimos en movimiento todo el grupo de personas de manera sincronizada; como suele ocurrir en todas las esquinas frente a un semáforo de una gran ciudad. –Intuyo que nada de esto existiría –continué-, nosotros mismo no existiríamos en esa realidad; no sé qué contendría.
Pasó la hora de los líderes, pasó como lo han hecho las grandes ciudades.

viernes, junio 12, 2020

Habitación 717

Cerré la puerta apoyando mi espalda sobre esta hasta escuchar el sonido de la cerradura que me entregaba la seguridad de estar a salvo; me quedé en esa posición por algunos minutos tratando de escuchar los sonidos del pasillo que para mí desgracia estaba alfombrado, lo cual complicaba el intento hasta lo imposible. Los sonidos que podía percibir provenían en su mayoría del área de ascensor y escaleras; algunas conversaciones que incluían risas y expresiones de asombro y que terminaban silenciadas tras las puertas del ascensor. Silencio. Agucé el oído: nada. Sentí que era más fácil percibir aromas, olores que se colaban por los intersticio de la puerta; aromas mezclados de perfumes, cigarrillos, aromas florales que por un brevísimo lapso de tiempo me trasladaron a una infancia tan lejana, tan pálida ahora de colores, que sentí como si esta ya no me perteneciera, como si el tiempo transcurrido rechazara la propiedad que de ella evocaba. Fue breve ese momento, sí, pero fue lo suficiente para querer permanecer en esos recuerdos; obligarme a prolongar la estadía en aquella fracción de tiempo. Exigir a mi memoria todos los detalles, todas las claves que conectaban por similitud de los aromas que ahora percibía. Tabaco rubio, lavanda -¡Oh! Está ardiendo en fiebre el pobrecillo... Contuve la respiración por unos segundos para volver a este presente de aromas conocidos; forcé la mirada absorbiendo todos los objetos que se encontraban en el cuarto; la luminosidad que se filtraba a través de las cortinas, los tonos. Comencé a recorrer la habitación mientras me desprendía de las últimas imágenes que acudían a mi memoria producto de simples aromas. La vida no guarda muchos misterios: comencé a desempacar mientras dejaba mi  existencia moverse libre de recuerdos que quizá no le pertenecían.

martes, abril 14, 2020

Batalla posible

Quedé asombrado la verdad. No me creía lo que veía. Por un momento pensé que aún estaba en mi sueño y era cosa normal lo que ahora ocurría con una naturalidad casi inocente; donde el entorno tampoco se inmutaba y era simplemente eso: realidad. Espacio y tiempo colisionando uno contra otro y generando esta posibilidad.
Mi mirada estaba clavada en dirección a una especie de llanura mezclada con suaves lomajes, donde apenas se dibujaba a la distancia lo que después entendí como un grupo humano preparado para un combate. Mi respiración era acelerada pero firme; una excitación envolvía mi pensamiento y las emociones fluían como verdaderas aguas arrebatadas. Todo esto lo entendía muy claro; todo, inclusive mi entorno estaba armonizado en este momento. Empuñaba una lanza de buena madera ¿Abedul quizá? No sé, alcanzaba a ver su afilada punta de cobre –eso lo pude deducir por su hermoso color rojizo- volví la mirada hacia mi cuerpo y pude verificar  que estaba bien equipado ¡Claro que así era! Pertenecía a un ejército bien formado; sentí sobre mi cabeza un casco o cosa similar, un simple gorro no era, tenía que ser un casco de combate, no había otra posibilidad. El rumor de mis compañeros  parecía  una oración colectiva más que una suma de todas las conversaciones entre ellos; sí, creo que eso era: una oración; estaban rezando para darse ánimo supongo; entonces hice como si también rezara (creo que recé, la verdad)
-¿Estás preparado para morir hoy, camarada? –Preguntó mi compañero del lado izquierdo con los ojos inyectados de emoción; su rostro claro y surcado por líneas que le conferían la edad adulta que supuse, fijó la mirada en mí como esperando una respuesta. Qué otra cosa podría contestar si precisamente en ese momento la idea general de mi situación se volvía evidente -¡Sí, hermano! –Contesté con fuerza, no por convicción sino por consecuencia al diálogo y todo el ambiente en que estábamos envuelto; dudo que otra respuesta hubiese sido prudente. Incluso me dio la impresión que en el caso de una respuesta diferente o ambigua, me hubiese costado la vida en ese preciso momento.
Me sonrió conforme y mi respuesta creo que lo alentó a él también, empuñó su lanza con determinación mientras un jinete montado en su caballo hermoso y enorme, nos daba la indicación de avanzar hacia la liza, donde se llevaría a cabo la batalla. Nos pusimos en movimiento como una sola voluntad, deseosos de entrar en combate. Esto lo supongo porque una vez sentí una emoción similar pero no recuerdo claramente dónde o cuando. En ese momento éramos miles con una sola misión; nuestra marcha ganaba velocidad y sincronía en el paso. Me percaté que en la línea del horizonte una suave polvareda se levantaba sobre nuestros oponentes lo cual evidenciaba que se ponían en movimiento también: Había comenzado la batalla.
Si creía en los universos paralelos esto era una clara confirmación. Lo digo porque uno sabe, o intuye a lo menos, cuando existe una ruptura espacio-temporal. Esta prolongación de lo que conocemos como dèjá vu que estaba experimentando, que por lo general son eventos muy breves de tiempo, al menos era suficiente evidencia para mí. Ganábamos velocidad en la marcha, se escuchaban los primeros gritos para infundir ánimo y valentía. Me entregué a la emoción de la lucha, nada más podía hacer. La otra alternativa o posibilidad era que estuviese durmiendo aún: si así fuera, este sería un buen momento para despertar.

viernes, abril 10, 2020

Intermedio XVIII


Tengo este blog abierto hace un par de años; en más de una oportunidad he pensado en cerrarlo al caer en cuenta que paso más tiempo en la cuenta del pajarito que acá. Las entradas fueron disminuyendo en la medida que las visitas a la otra red fueron aumentando. En definitiva, caí en una especie de placer indolente, pendiente de la actividad ajena más que en la propia. Cerrar cualquiera de las dos -o ambas- aparte de ser una posibilidad, no creo que sea una solución. Cada una tiene su asunto, cada una su color. Sigamos.

miércoles, noviembre 06, 2019

Equidistar

Por cierto que esas cosas conseguidas con denuedo no fueron suficientes, aunque siempre se crea que se está en el camino definitivo, quedan aglutinadas en una especie de muro que pretende ser fuerte como para poder soportar el empuje de la brutal realidad. La fórmula es la misma y quizá es lo único que se mantiene inamovible desde tiempos remotos: Abrazar una idea y materializarla con mucho esfuerzo. Una idea original.
Estaba muerto sobre su escritorio de madera. La tinta derramada sobre el papel donde escribía una especie de relato histórico o algo así y su mano sosteniendo la plumilla. La tinta derramada alcanzaba su mejilla achatada por el peso de su cabeza,  pareciera intentar subir hasta su frente utilizando su abundante barba. La escena era de lo más patética; sin mucho más que agregar, excepto por el viento que ululaba entre la alta techumbre como una especie de lamento, y el frío glaciar que envolvía todo el lugar.
Esto es lo normal cuando las cosas que suceden, también nos sucede; y en eso casi no existe posibilidad de esquivarlas ¿Has contemplado las hojas tiernas de una acacia añosa, o quizá el rumor de un arroyo entre las rocas con sus destellos sobre su líquida figura?
Los cercanos al fallecido lo tomaron con cuidado casi reverencial y lo pusieron sobre una especie de camilla, para trasladarlo hasta un salón donde lo dejaron en la misma camilla cubierto con una tela de color amarillo o un tono algo parecido. Quizá era rosado, no sé.

miércoles, agosto 29, 2018

Sueño al alba

Te alumbraba con el reflejo de un espejo
Arrancabas ¿de quién? Entre pasos apurados
El bulto de tu figura se perdía en la negrura, te alumbraba.

domingo, mayo 06, 2018

Otras cosas y el sentido

Las cosas quedaron así: suspendidas por un prolongado momento. Quizá la falta de datos hacía más difícil la tarea de dar sentido a esas cosas -¿Tus padres aún están juntos? –No, cada uno está en su propio mundo. Quizá sea mejor así después de todo. -La brisa fría soplaba amable sobre el rostro de ambos niños.
Y estas cosas ‘mundanas’ que le puede ocurrir a cualquiera, van formando una historia, digo, un presente de un individuo que luego se adormecerá entre abrazos de año nuevo, promociones en su trabajo, las buenas y malas noticias, los cambios de paisajes; en general , todas esas cosas que simplemente suceden. La vida misma -¿Recuerda haber estado en Córcega recolectando frutos de temporada? –Nunca he estado en Córcega ¿usted si? –No, tampoco; pero me hubiese gustado estar allá cosechando algunos frutos.-La mirada insistía en un paisaje de una supuesta Córcega y de campos llenos de frutos.
El sentido resbala sobre lo monolítico de las ideas; estas quedan ahí, como columnas de roca en un paisaje desértico  -¿Cómo se llaman esas columnas de hielo que abundan en los paisajes helados a gran altura? -¿Se refiere usted a los penitentes que se pueden encontrar en los andes? -¡Exacto! Penitentes…
A medida que avanza el tren por su ruta de hierro, de sus ventanas salen disparadas las miradas de los pasajeros en todas direcciones, haciendo de esto una sola mirada colectiva que lo absorbe todo de una realidad siempre indiferente ¡Qué hermoso! ¡Un carro de fierro vivo que se desplaza con sus ojos facetados!

lunes, marzo 19, 2018

Primero de otoño

Los soles en el cenit no queman tu cabeza; apenas la besan
El cuerpo quieto nada dice, nada interroga
Se sublima, a veces, cayendo sobre el mismo piso
Silente.
Ecos de un pasado golpean tu espalda como piedras arrojadas con odio
Las impulsa una mano atrabiliaria que guardó todo lejos de tus ojos
Borró caminos, también leyendas; señales, indicio: todo
Los ojos aprendieron a ver con trozos de cristales que guardaste en tu memoria
Fueron tu guía y calidoscopio.
No te inquieta la memoria de collage porque entiendes los bordes
¿Intuías que la magia está en los bordes, siempre?

miércoles, febrero 07, 2018

Intermedio XVII

Entre manos tengo ‘Cuentos completos (Vol. I y II)’ de Julio Cortázar. La lectura va suave, tranquila; un poco a gotas, como hace tiempo no lo lograba. Con algunos títulos me vienen imágenes de tiempo de escuela y profesores; otros, que no había leído, apenas puedo distinguir las formas que propone el texto. Ni siquiera eso me inquieta: lo disfruto desde la falta total de referencias.
Cortázar no hubiese resultado hoy. Es de su tiempo y solo de ese. Desde ese tiempo lanzó sus escritos para ese público que seguro él intuía; un público que estaría muchos años adelante esperando encontrarse con sus escritos.

martes, noviembre 07, 2017

Café breve

Descansar el cuerpo bajo la sombra de tu silencio. Apoyar mi cabeza y mirar de lado la ocurrencia de las cosas. Sentir la indiferencia del paisaje solo para caer en cuenta que el café se enfría sobre una mesa limpia, plana, extensa; tomaría media vida recorrer sus extremos. Un reflejo caliente del sol juega al funámbulo en sus bordes ¿Te he dicho que me has construido de lejos; que descansando en esta sombra, tu sombra, el tiempo ha encontrado sosiego? Vórtices de aire caliente danzan sobre la mesa fría; corro hacia uno de ellos: me engulle.

miércoles, agosto 30, 2017

La pausa del escarabajo

Sorprendes con tu presencia iridiscente; las formas de tu vuelo se mantienen en la retina mientras, ahora, descansas sobre una rama que te sostiene. Nada conmueve tu existencia; ningún apuro aborda tu presente; el sol, el viento, la humedad sostenida en el techo del cielo hecho nubes, forman tu paisaje. Mueves tu cuerpo arcano en dirección a la punta de tu rama: la has hecho tuya, tu territorio momentáneo; y allí, enfrentas al  sol que guarda a salvo de tu olvido, la ruta de tu viaje. El viento sacude tu territorio, mece la rama; lees en la luz tu próxima partida. Despliegas tus élitros y emprendes vuelo.

lunes, junio 12, 2017

Paisaje de playa con hombre

Al parecer ha encontrado en ese paisaje una ventana por donde arrancar por un momento, escabullirse como lo hacía de niño, pero ahora para siempre.
Desprecia el mar por su salobre monotonía, por ese sonido efervescente de las olas al recogerse de la orilla. Quizá había un mapa astral al botar el puñado de arena que de manera breve sostuviera en su mano, y el destello de los granos sujetos  a su palma propusieran una ruta alternativa... Pero la obviedad fue más fuerte en ese momento: sacudió con la otra mano, los granos de aquel universo contenido.

lunes, mayo 22, 2017

Santiago 1981

El sonido de la música era envolvente en toda la casa; hasta en la pieza más alejada de la sala principal se podía escuchar el ritmo y la conversación que fluía animadamente entre los asistentes. Estábamos compartiendo recuerdos y nuevas promesas,  pero también  estábamos despidiéndonos un poco entre nosotros. Intuíamos  que después de aquella noche y con las primeras luces de la mañana, comenzaría la marcha de todos los integrantes de aquel grupo en diferentes direcciones; que la compañía que nos habíamos prodigado durante la infancia, inexorablemente llegaba a su fin. Guardamos  silencio ante aquella sensación de velocidad que adquirían nuestros pensamientos. Estaba ahí, entre nosotros, pero en ese momento y durante toda la noche, decidimos ignorarlo. Es cierto, mi alegría fue completa cuando apareciste en algún momento y ya no nos separamos durante toda la noche.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola.  –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.

jueves, mayo 11, 2017

Elogio a un desaparecido

He de contarle, señor, que usted está parado exactamente donde no quería. Que sus sueños nacen muriendo un poco, otro poco, y así hasta que desaparecen en algo que bien podríamos llamar olvido. Imagino que usted lo encontrará injusto, entiendo, pero fíjese que es nuestro destino; nuestra grandeza hecha nada; nuestras miserias, también; triturada por el peso del tiempo, como en una gran tahona sideral hasta quedar convertida en polvo. Es casi poético, usted podrá decir, y tiene razón, existe algo de poesía en todo ello.

miércoles, abril 05, 2017

Intermedio XVI

No hace mucho, empecé a recordar por trozos, un cuento que mi señor padre me relataba en mi niñez al momento de darme las buenas noches. No era siempre que hacía esto, pero tampoco me importaba mucho; yo sabía, y lo que es mejor, intuía todo su cariño. En fin, este relato me lo contaba poniendo voces, gestos y todas esas cosas que me hacían reír mucho. Según él, tenía que pensar muy bien por qué me provocaba risa. Cosas del papá, que una vez con los años, entendí a cabalidad. El cuento va más o menos así. Si puede imaginar las voces y gestos de este señor, mucho mejor. Les dejo un saludo.

Piratas recursivos

Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…