viernes, junio 12, 2020
Habitación 717
Cerré la puerta apoyando mi espalda sobre esta hasta escuchar el sonido de la cerradura que me entregaba la seguridad de estar a salvo; me quedé en esa posición por algunos minutos tratando de escuchar los sonidos del pasillo que para mí desgracia estaba alfombrado, lo cual complicaba el intento hasta lo imposible. Los sonidos que podía percibir provenían en su mayoría del área de ascensor y escaleras; algunas conversaciones que incluían risas y expresiones de asombro y que terminaban silenciadas tras las puertas del ascensor. Silencio. Agucé el oído: nada. Sentí que era más fácil percibir aromas, olores que se colaban por los intersticio de la puerta; aromas mezclados de perfumes, cigarrillos, aromas florales que por un brevísimo lapso de tiempo me trasladaron a una infancia tan lejana, tan pálida ahora de colores, que sentí como si esta ya no me perteneciera, como si el tiempo transcurrido rechazara la propiedad que de ella evocaba. Fue breve ese momento, sí, pero fue lo suficiente para querer permanecer en esos recuerdos; obligarme a prolongar la estadía en aquella fracción de tiempo. Exigir a mi memoria todos los detalles, todas las claves que conectaban por similitud de los aromas que ahora percibía. Tabaco rubio, lavanda -¡Oh! Está ardiendo en fiebre el pobrecillo... Contuve la respiración por unos segundos para volver a este presente de aromas conocidos; forcé la mirada absorbiendo todos los objetos que se encontraban en el cuarto; la luminosidad que se filtraba a través de las cortinas, los tonos. Comencé a recorrer la habitación mientras me desprendía de las últimas imágenes que acudían a mi memoria producto de simples aromas. La vida no guarda muchos misterios: comencé a desempacar mientras dejaba mi existencia moverse libre de recuerdos que quizá no le pertenecían.
martes, abril 14, 2020
Batalla posible
Quedé asombrado la verdad. No me creía lo que veía. Por un momento pensé que aún estaba en mi sueño y era cosa normal lo que ahora ocurría con una naturalidad casi inocente; donde el entorno tampoco se inmutaba y era simplemente eso: realidad. Espacio y tiempo colisionando uno contra otro y generando esta posibilidad.
Mi mirada estaba clavada en dirección a una especie de llanura mezclada con suaves lomajes, donde apenas se dibujaba a la distancia lo que después entendí como un grupo humano preparado para un combate. Mi respiración era acelerada pero firme; una excitación envolvía mi pensamiento y las emociones fluían como verdaderas aguas arrebatadas. Todo esto lo entendía muy claro; todo, inclusive mi entorno estaba armonizado en este momento. Empuñaba una lanza de buena madera ¿Abedul quizá? No sé, alcanzaba a ver su afilada punta de cobre –eso lo pude deducir por su hermoso color rojizo- volví la mirada hacia mi cuerpo y pude verificar que estaba bien equipado ¡Claro que así era! Pertenecía a un ejército bien formado; sentí sobre mi cabeza un casco o cosa similar, un simple gorro no era, tenía que ser un casco de combate, no había otra posibilidad. El rumor de mis compañeros parecía una oración colectiva más que una suma de todas las conversaciones entre ellos; sí, creo que eso era: una oración; estaban rezando para darse ánimo supongo; entonces hice como si también rezara (creo que recé, la verdad)
-¿Estás preparado para morir hoy, camarada? –Preguntó mi compañero del lado izquierdo con los ojos inyectados de emoción; su rostro claro y surcado por líneas que le conferían la edad adulta que supuse, fijó la mirada en mí como esperando una respuesta. Qué otra cosa podría contestar si precisamente en ese momento la idea general de mi situación se volvía evidente -¡Sí, hermano! –Contesté con fuerza, no por convicción sino por consecuencia al diálogo y todo el ambiente en que estábamos envuelto; dudo que otra respuesta hubiese sido prudente. Incluso me dio la impresión que en el caso de una respuesta diferente o ambigua, me hubiese costado la vida en ese preciso momento.
Me sonrió conforme y mi respuesta creo que lo alentó a él también, empuñó su lanza con determinación mientras un jinete montado en su caballo hermoso y enorme, nos daba la indicación de avanzar hacia la liza, donde se llevaría a cabo la batalla. Nos pusimos en movimiento como una sola voluntad, deseosos de entrar en combate. Esto lo supongo porque una vez sentí una emoción similar pero no recuerdo claramente dónde o cuando. En ese momento éramos miles con una sola misión; nuestra marcha ganaba velocidad y sincronía en el paso. Me percaté que en la línea del horizonte una suave polvareda se levantaba sobre nuestros oponentes lo cual evidenciaba que se ponían en movimiento también: Había comenzado la batalla.
Si creía en los universos paralelos esto era una clara confirmación. Lo digo porque uno sabe, o intuye a lo menos, cuando existe una ruptura espacio-temporal. Esta prolongación de lo que conocemos como dèjá vu que estaba experimentando, que por lo general son eventos muy breves de tiempo, al menos era suficiente evidencia para mí. Ganábamos velocidad en la marcha, se escuchaban los primeros gritos para infundir ánimo y valentía. Me entregué a la emoción de la lucha, nada más podía hacer. La otra alternativa o posibilidad era que estuviese durmiendo aún: si así fuera, este sería un buen momento para despertar.
Mi mirada estaba clavada en dirección a una especie de llanura mezclada con suaves lomajes, donde apenas se dibujaba a la distancia lo que después entendí como un grupo humano preparado para un combate. Mi respiración era acelerada pero firme; una excitación envolvía mi pensamiento y las emociones fluían como verdaderas aguas arrebatadas. Todo esto lo entendía muy claro; todo, inclusive mi entorno estaba armonizado en este momento. Empuñaba una lanza de buena madera ¿Abedul quizá? No sé, alcanzaba a ver su afilada punta de cobre –eso lo pude deducir por su hermoso color rojizo- volví la mirada hacia mi cuerpo y pude verificar que estaba bien equipado ¡Claro que así era! Pertenecía a un ejército bien formado; sentí sobre mi cabeza un casco o cosa similar, un simple gorro no era, tenía que ser un casco de combate, no había otra posibilidad. El rumor de mis compañeros parecía una oración colectiva más que una suma de todas las conversaciones entre ellos; sí, creo que eso era: una oración; estaban rezando para darse ánimo supongo; entonces hice como si también rezara (creo que recé, la verdad)
-¿Estás preparado para morir hoy, camarada? –Preguntó mi compañero del lado izquierdo con los ojos inyectados de emoción; su rostro claro y surcado por líneas que le conferían la edad adulta que supuse, fijó la mirada en mí como esperando una respuesta. Qué otra cosa podría contestar si precisamente en ese momento la idea general de mi situación se volvía evidente -¡Sí, hermano! –Contesté con fuerza, no por convicción sino por consecuencia al diálogo y todo el ambiente en que estábamos envuelto; dudo que otra respuesta hubiese sido prudente. Incluso me dio la impresión que en el caso de una respuesta diferente o ambigua, me hubiese costado la vida en ese preciso momento.
Me sonrió conforme y mi respuesta creo que lo alentó a él también, empuñó su lanza con determinación mientras un jinete montado en su caballo hermoso y enorme, nos daba la indicación de avanzar hacia la liza, donde se llevaría a cabo la batalla. Nos pusimos en movimiento como una sola voluntad, deseosos de entrar en combate. Esto lo supongo porque una vez sentí una emoción similar pero no recuerdo claramente dónde o cuando. En ese momento éramos miles con una sola misión; nuestra marcha ganaba velocidad y sincronía en el paso. Me percaté que en la línea del horizonte una suave polvareda se levantaba sobre nuestros oponentes lo cual evidenciaba que se ponían en movimiento también: Había comenzado la batalla.
Si creía en los universos paralelos esto era una clara confirmación. Lo digo porque uno sabe, o intuye a lo menos, cuando existe una ruptura espacio-temporal. Esta prolongación de lo que conocemos como dèjá vu que estaba experimentando, que por lo general son eventos muy breves de tiempo, al menos era suficiente evidencia para mí. Ganábamos velocidad en la marcha, se escuchaban los primeros gritos para infundir ánimo y valentía. Me entregué a la emoción de la lucha, nada más podía hacer. La otra alternativa o posibilidad era que estuviese durmiendo aún: si así fuera, este sería un buen momento para despertar.
viernes, abril 10, 2020
Intermedio XVIII
Tengo este blog abierto hace un par de años; en más de una oportunidad
he pensado en cerrarlo al caer en cuenta que paso más tiempo en la cuenta del
pajarito que acá. Las entradas fueron disminuyendo en la medida que las visitas
a la otra red fueron aumentando. En definitiva, caí en una especie de placer indolente,
pendiente de la actividad ajena más que en la propia. Cerrar cualquiera de las
dos -o ambas- aparte de ser una posibilidad, no creo que sea una solución. Cada
una tiene su asunto, cada una su color. Sigamos.
miércoles, noviembre 06, 2019
Equidistar
Por cierto que esas cosas conseguidas con denuedo no fueron suficientes, aunque siempre se crea
que se está en el camino definitivo, quedan aglutinadas en una especie de muro
que pretende ser fuerte como para poder soportar el empuje de la brutal
realidad. La fórmula es la misma y quizá es lo único que se mantiene inamovible
desde tiempos remotos: Abrazar una idea y materializarla con mucho esfuerzo.
Una idea original.
Estaba muerto sobre su escritorio de madera. La tinta derramada sobre el papel donde escribía una especie de relato histórico o algo así y su mano sosteniendo la plumilla. La tinta derramada alcanzaba su mejilla achatada por el peso de su cabeza, pareciera intentar subir hasta su frente utilizando su abundante barba. La escena era de lo más patética; sin mucho más que agregar, excepto por el viento que ululaba entre la alta techumbre como una especie de lamento, y el frío glaciar que envolvía todo el lugar.
Esto es lo normal cuando las cosas que suceden, también nos sucede; y en eso casi no existe posibilidad de esquivarlas ¿Has contemplado las hojas tiernas de una acacia añosa, o quizá el rumor de un arroyo entre las rocas con sus destellos sobre su líquida figura?
Los cercanos al fallecido lo tomaron con cuidado casi reverencial y lo pusieron sobre una especie de camilla, para trasladarlo hasta un salón donde lo dejaron en la misma camilla cubierto con una tela de color amarillo o un tono algo parecido. Quizá era rosado, no sé.
Estaba muerto sobre su escritorio de madera. La tinta derramada sobre el papel donde escribía una especie de relato histórico o algo así y su mano sosteniendo la plumilla. La tinta derramada alcanzaba su mejilla achatada por el peso de su cabeza, pareciera intentar subir hasta su frente utilizando su abundante barba. La escena era de lo más patética; sin mucho más que agregar, excepto por el viento que ululaba entre la alta techumbre como una especie de lamento, y el frío glaciar que envolvía todo el lugar.
Esto es lo normal cuando las cosas que suceden, también nos sucede; y en eso casi no existe posibilidad de esquivarlas ¿Has contemplado las hojas tiernas de una acacia añosa, o quizá el rumor de un arroyo entre las rocas con sus destellos sobre su líquida figura?
Los cercanos al fallecido lo tomaron con cuidado casi reverencial y lo pusieron sobre una especie de camilla, para trasladarlo hasta un salón donde lo dejaron en la misma camilla cubierto con una tela de color amarillo o un tono algo parecido. Quizá era rosado, no sé.
miércoles, agosto 29, 2018
Sueño al alba
Te alumbraba con el reflejo de un espejo
Arrancabas ¿de quién? Entre pasos apurados
El bulto de tu figura se perdía en la negrura, te alumbraba.
Arrancabas ¿de quién? Entre pasos apurados
El bulto de tu figura se perdía en la negrura, te alumbraba.
domingo, mayo 06, 2018
Otras cosas y el sentido
Las cosas quedaron así: suspendidas por un prolongado momento. Quizá la falta de datos hacía más difícil la tarea de dar sentido a esas cosas -¿Tus padres aún están juntos? –No, cada uno está en su propio mundo. Quizá sea mejor así después de todo. -La brisa fría soplaba amable sobre el rostro de ambos niños.
Y estas cosas ‘mundanas’ que le puede ocurrir a cualquiera, van formando una historia, digo, un presente de un individuo que luego se adormecerá entre abrazos de año nuevo, promociones en su trabajo, las buenas y malas noticias, los cambios de paisajes; en general , todas esas cosas que simplemente suceden. La vida misma -¿Recuerda haber estado en Córcega recolectando frutos de temporada? –Nunca he estado en Córcega ¿usted si? –No, tampoco; pero me hubiese gustado estar allá cosechando algunos frutos.-La mirada insistía en un paisaje de una supuesta Córcega y de campos llenos de frutos.
El sentido resbala sobre lo monolítico de las ideas; estas quedan ahí, como columnas de roca en un paisaje desértico -¿Cómo se llaman esas columnas de hielo que abundan en los paisajes helados a gran altura? -¿Se refiere usted a los penitentes que se pueden encontrar en los andes? -¡Exacto! Penitentes…
A medida que avanza el tren por su ruta de hierro, de sus ventanas salen disparadas las miradas de los pasajeros en todas direcciones, haciendo de esto una sola mirada colectiva que lo absorbe todo de una realidad siempre indiferente ¡Qué hermoso! ¡Un carro de fierro vivo que se desplaza con sus ojos facetados!
Y estas cosas ‘mundanas’ que le puede ocurrir a cualquiera, van formando una historia, digo, un presente de un individuo que luego se adormecerá entre abrazos de año nuevo, promociones en su trabajo, las buenas y malas noticias, los cambios de paisajes; en general , todas esas cosas que simplemente suceden. La vida misma -¿Recuerda haber estado en Córcega recolectando frutos de temporada? –Nunca he estado en Córcega ¿usted si? –No, tampoco; pero me hubiese gustado estar allá cosechando algunos frutos.-La mirada insistía en un paisaje de una supuesta Córcega y de campos llenos de frutos.
El sentido resbala sobre lo monolítico de las ideas; estas quedan ahí, como columnas de roca en un paisaje desértico -¿Cómo se llaman esas columnas de hielo que abundan en los paisajes helados a gran altura? -¿Se refiere usted a los penitentes que se pueden encontrar en los andes? -¡Exacto! Penitentes…
A medida que avanza el tren por su ruta de hierro, de sus ventanas salen disparadas las miradas de los pasajeros en todas direcciones, haciendo de esto una sola mirada colectiva que lo absorbe todo de una realidad siempre indiferente ¡Qué hermoso! ¡Un carro de fierro vivo que se desplaza con sus ojos facetados!
lunes, marzo 19, 2018
Primero de otoño
Los soles en el cenit no queman tu cabeza; apenas la besan
El cuerpo quieto nada dice, nada interroga
Se sublima, a veces, cayendo sobre el mismo piso
Silente.
Ecos de un pasado golpean tu espalda como piedras arrojadas con odio
Las impulsa una mano atrabiliaria que guardó todo lejos de tus ojos
Borró caminos, también leyendas; señales, indicio: todo
Los ojos aprendieron a ver con trozos de cristales que guardaste en tu memoria
Fueron tu guía y calidoscopio.
No te inquieta la memoria de collage porque entiendes los bordes
¿Intuías que la magia está en los bordes, siempre?
El cuerpo quieto nada dice, nada interroga
Se sublima, a veces, cayendo sobre el mismo piso
Silente.
Ecos de un pasado golpean tu espalda como piedras arrojadas con odio
Las impulsa una mano atrabiliaria que guardó todo lejos de tus ojos
Borró caminos, también leyendas; señales, indicio: todo
Los ojos aprendieron a ver con trozos de cristales que guardaste en tu memoria
Fueron tu guía y calidoscopio.
No te inquieta la memoria de collage porque entiendes los bordes
¿Intuías que la magia está en los bordes, siempre?
miércoles, febrero 07, 2018
Intermedio XVII
Entre manos tengo ‘Cuentos completos (Vol. I y II)’ de Julio Cortázar. La lectura va suave, tranquila; un poco a
gotas, como hace tiempo no lo lograba. Con algunos títulos me vienen imágenes de tiempo de escuela y profesores; otros, que no había leído, apenas puedo distinguir las formas que propone el texto. Ni siquiera eso me inquieta: lo disfruto desde la falta total de referencias.
Cortázar no hubiese resultado hoy. Es de su tiempo y solo de ese. Desde ese tiempo lanzó sus escritos para ese público que seguro él intuía; un público que estaría muchos años adelante esperando encontrarse con sus escritos.
Cortázar no hubiese resultado hoy. Es de su tiempo y solo de ese. Desde ese tiempo lanzó sus escritos para ese público que seguro él intuía; un público que estaría muchos años adelante esperando encontrarse con sus escritos.
martes, noviembre 07, 2017
Café breve
Descansar el cuerpo bajo la sombra de tu silencio. Apoyar mi cabeza y mirar de lado la ocurrencia de las cosas. Sentir la indiferencia del paisaje solo para caer en cuenta que el café se enfría sobre una mesa limpia, plana, extensa; tomaría media vida recorrer sus extremos. Un reflejo caliente del sol juega al funámbulo en sus bordes ¿Te he dicho que me has construido de lejos; que descansando en esta sombra, tu sombra, el tiempo ha encontrado sosiego? Vórtices de aire caliente danzan sobre la mesa fría; corro hacia uno de ellos: me engulle.
miércoles, agosto 30, 2017
La pausa del escarabajo
Sorprendes con tu presencia iridiscente; las formas de tu vuelo se mantienen en la retina mientras, ahora, descansas sobre una rama que te sostiene. Nada conmueve tu existencia; ningún apuro aborda tu presente; el sol, el viento, la humedad sostenida en el techo del cielo hecho nubes, forman tu paisaje. Mueves tu cuerpo arcano en dirección a la punta de tu rama: la has hecho tuya, tu territorio momentáneo; y allí, enfrentas al sol que guarda a salvo de tu olvido, la ruta de tu viaje. El viento sacude tu territorio, mece la rama; lees en la luz tu próxima partida. Despliegas tus élitros y emprendes vuelo.
lunes, junio 12, 2017
Paisaje de playa con hombre
Al parecer ha encontrado en ese paisaje una ventana por donde arrancar por un momento, escabullirse como lo hacía de niño, pero ahora para siempre.
Desprecia el mar por su salobre monotonía, por ese sonido efervescente de las olas al recogerse de la orilla. Quizá había un mapa astral al botar el puñado de arena que de manera breve sostuviera en su mano, y el destello de los granos sujetos a su palma propusieran una ruta alternativa... Pero la obviedad fue más fuerte en ese momento: sacudió con la otra mano, los granos de aquel universo contenido.
Desprecia el mar por su salobre monotonía, por ese sonido efervescente de las olas al recogerse de la orilla. Quizá había un mapa astral al botar el puñado de arena que de manera breve sostuviera en su mano, y el destello de los granos sujetos a su palma propusieran una ruta alternativa... Pero la obviedad fue más fuerte en ese momento: sacudió con la otra mano, los granos de aquel universo contenido.
lunes, mayo 22, 2017
Santiago 1981
El sonido de la música era envolvente en toda la casa; hasta en la pieza más alejada de la sala principal se podía escuchar el ritmo y la conversación que fluía animadamente entre los asistentes. Estábamos compartiendo recuerdos y nuevas promesas, pero también estábamos despidiéndonos un poco entre nosotros. Intuíamos que después de aquella noche y con las primeras luces de la mañana, comenzaría la marcha de todos los integrantes de aquel grupo en diferentes direcciones; que la compañía que nos habíamos prodigado durante la infancia, inexorablemente llegaba a su fin. Guardamos silencio ante aquella sensación de velocidad que adquirían nuestros pensamientos. Estaba ahí, entre nosotros, pero en ese momento y durante toda la noche, decidimos ignorarlo. Es cierto, mi alegría fue completa cuando apareciste en algún momento y ya no nos separamos durante toda la noche.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola. –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.
-Creo que esta todo el grupo. –dijiste, mientras me regalabas un abrazo. –Sí, creo que llegamos todos, esto va a estar genial. –No me dejes sola. –Agregaste en tono de broma. –Esta noche nadie lo estará. –pensé en voz alta.
jueves, mayo 11, 2017
Elogio a un desaparecido
He de contarle, señor, que usted está parado exactamente donde no quería. Que sus sueños nacen muriendo un poco, otro poco, y así hasta que desaparecen en algo que bien podríamos llamar olvido. Imagino que usted lo encontrará injusto, entiendo, pero fíjese que es nuestro destino; nuestra grandeza hecha nada; nuestras miserias, también; triturada por el peso del tiempo, como en una gran tahona sideral hasta quedar convertida en polvo. Es casi poético, usted podrá decir, y tiene razón, existe algo de poesía en todo ello.
miércoles, abril 05, 2017
Intermedio XVI
No hace mucho, empecé
a recordar por trozos, un cuento que mi señor padre me relataba en mi niñez al
momento de darme las buenas noches. No era siempre que hacía esto, pero tampoco
me importaba mucho; yo sabía, y lo que es mejor, intuía todo su cariño. En fin,
este relato me lo contaba poniendo voces, gestos y todas esas cosas que me
hacían reír mucho. Según él, tenía que pensar muy bien por qué me provocaba
risa. Cosas del papá, que una vez con los años, entendí a cabalidad. El cuento
va más o menos así. Si puede imaginar las voces y gestos de este señor, mucho
mejor. Les dejo un saludo.
Piratas recursivos
Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…
Piratas recursivos
Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche… los truenos y relámpagos se sucedían muy lúgubremente, mientras que en la playa, los cuerpos ateridos de un grupo de marineros buscaban calor alrededor de una fogata. De súbito, el capitán del barco exclama -¡Timonel! Cuéntanos aquella historia cuyo recuerdo nos hace estremecer de miedo y espanto hasta los huesos- Y el timonel comienza -Era de noche…
martes, enero 24, 2017
Arena negra
En la noche más obscura imaginable, donde distinguir sus propias manos era una tarea difícil de lograr, se movían siguiendo solo sus palabras y susurros. Entre esas sombras emergía la vida de aquella fatal sociedad. Guiados por la ascensión recta de los astros en el firmamento, aprovechaban de intercambiar alimentos celosamente producidos en el subsuelo, donde reunidos en pequeño grupo, se empeñaban en sobrevivir. Un viento cálido era la inexorable advertencia de un nuevo amanecer, entonces, presurosos se despedían con abrazos antes de desaparecer entre los túneles cavados en las laderas. Con los primeros rayos del astro regente, un paisaje desolador se podía apreciar en todas direcciones; llanuras interminables cubiertas por una arena negra que parecía abarcarlo todo y que según los más osados, se volvía de color ceniza cuando alcanzaba su máximo calor.
sábado, diciembre 17, 2016
Miércoles 9:40 a.m.
Salió irritado del vehículo; nada de portazo o cosa parecida. Sencillamente salió
molesto por algo que quedó dando vueltas en su cabeza. Su figura se sumó al flujo
de personas que avanzaba por la vereda, a esa ahora repleta, hasta desaparecer.
En el coche que ahora se ponía en movimiento, una mirada también disgustada, contemplaba
la escena que acabas de leer.
miércoles, noviembre 30, 2016
De mañana
Arreglarse el flequillo; mirarse otra vez al espejo; volver al peine y todo de nuevo. Así, como una porfía que nacía desde esa imagen suya rebotando infinito entre sus ojos y el vidrio.
martes, julio 12, 2016
La vendedora de perfumes
La feria estaba llena de gente que dispuso ese día sábado en la noche para deambular por el barrio. Una calle completa contenía los diferentes puestos que estaban ubicados a uno y otro lado de esta. La gente se movía lentamente frente a las improvisadas tiendas, mirando todo tipo de curiosidades dispuestas en los mostradores. Había de todo: libros, colecciones de pinturas, trabajos en diferentes telas, joyas, especias traídas de lugares exóticos, casi todo lo imaginable; un poco al estilo de un bazar de medio oriente pero realizado en un barrio de una ciudad occidental. Era un ambiente de fiesta y carnaval que todos disfrutaban en ese momento y en el que yo intentaba encajar. Recuerdo haber estado apretujado contra una vitrina que ofrecía diferentes tipos de rocas ornamentales, cuando dirigí la mirada a una mujer que tenía muchos frasquitos amarrados con un cordel puesto en su cuello a modo de collar. La quedé mirando por un momento y no pude evitar preguntar qué vendía –perfumes- contestó casi con pudor -¿perfumes?- volví a preguntar de manera ingenua –Sí, perfumes en base a plantas y aceites- Te ves extrañamente hermosa con tu collar –le comenté mientras recorría con la mirada los diferentes frasquitos y sus colores. Sonrió amable mientras me detallaba el nombre de cada uno de ellos y su mejor momento para usarlos –Quiero uno pero no sé cuál- Le dije con verdadero pudor. Se quedó mirándome un momento fijamente, esbozó una sonrisa regalándome todo su rostro, miró su collar y tomó un frasquito con un líquido aceitoso de color azul –Toma, este te quedará bien; póntelo ahora mismo- Lo tomé de su mano, lo abrí no sin un dejo de emoción y lo apliqué en mi cuello una vez –Nada más, es suficiente con eso- me advirtió, a la vez que con sus manos me invitaba a cerrar la botellita nuevamente. –Cuánto te debo- Pregunté –Es un aporte voluntario, tú pones el precio- Busqué en mi bolsillo y le dejé un billete que recibió con alegría. Los aceites comenzaban a mezclarse con la química de mi cuerpo y un suave aroma comenzó a envolverme completamente. –Que estés bien, fue un gusto conocerte- le dije. Me regaló una última sonrisa y nos separamos. El resto de la noche estuve recorriendo cada uno de los puestos, hablando, preguntando, sonriendo; me senté en improvisados locales a beber algo junto a toda esa gente; escuché historias de lugares que nunca visitaré, de gente que nunca conoceré. Un casi imperceptible cambio en la obscuridad anticipaba el fin de la noche. Dichoso como pocas veces, terminé junto a un acuarelista que ofrecía su trabajo. Pintadas a la luz de un pequeño anafe, capturó escenas de aquella feria que prometía terminar. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando vi un cuadro con un personaje que me era especial –Cómo se llama esta acuarela- Le pregunté. Todo en ese cuadro me era familiar, las sombras, los tonos dorados sobre los bultos, aquella mujer que ofrecía su mercancía a ese posible comprador, todo –La vendedora de perfume- respondió luego de echarle un vistazo –Lo quiero- Agregué, feliz.
jueves, abril 07, 2016
Oficina de partes
…¡Pero cómo, señor conde! Cómo es posible que estas cosas se dejen pasar por alto, sobre todo cuando afecta a un funcionario de manera directa. –Expresó su desazón mientras dejaba caer su mano sobre la mesa en un gesto casi teatral, como si la noticia le provocara algo parecido a un vulgar deliquio. –Hacer prevalecer prejuicios y engaños con fines egoístas es una conducta inaceptable.
-Señor secretario, no tengo responsabilidad en todo este asunto. –Respondió acompañado de un rictus tan propio de su investidura. –Las cosas así están dadas; negarse, por otro lado, resulta impropio para un alma que se supone está preparada para los embates de la política. –Realizó una pausa y continuó. -Los méritos de algunas personas están validados por la opinión de los demás; si a estos les resultan útiles, pues bien por aquellas; en caso contrario caerán en el desprecio o, en el mejor de los casos, en el olvido. –Con esta última palabra acompañó una mirada certera a los ojos del secretario quien había palidecido. Tomó su abrigo y preparó la retirada del pequeño y obscuro gabinete.
-Esto significa que nunca obtendré mi nombramiento en el ministerio. –pensaba en voz alta sin preocuparse de que el conde estuviese junto a él. – Son todos una verdadera plaga, miserables cortesanos. -Un sudor frío cubrió su frente mientras que la imagen de aquella cena encantadora la noche anterior se volvía gris y triste. Recordó una mirada que recibió desde el extremo del salón y que ahora tomaba su real significado: no considerar la opción de mostrarse servil, al parecer se convertía en una pequeña piedra capaz de detener toda la maquinaria que había intentado mover en su favor. –No dejaré de mantener mis principios. –Continuó. –Si esto significa la eliminación de mi nombre de la lista de promoción, que así sea.
-Es usted un filósofo, señor secretario ¡Un verdadero filósofo! –Exclamó el conde con una sonrisa burlona mientras abandonaba con prisa el despacho.
-Señor secretario, no tengo responsabilidad en todo este asunto. –Respondió acompañado de un rictus tan propio de su investidura. –Las cosas así están dadas; negarse, por otro lado, resulta impropio para un alma que se supone está preparada para los embates de la política. –Realizó una pausa y continuó. -Los méritos de algunas personas están validados por la opinión de los demás; si a estos les resultan útiles, pues bien por aquellas; en caso contrario caerán en el desprecio o, en el mejor de los casos, en el olvido. –Con esta última palabra acompañó una mirada certera a los ojos del secretario quien había palidecido. Tomó su abrigo y preparó la retirada del pequeño y obscuro gabinete.
-Esto significa que nunca obtendré mi nombramiento en el ministerio. –pensaba en voz alta sin preocuparse de que el conde estuviese junto a él. – Son todos una verdadera plaga, miserables cortesanos. -Un sudor frío cubrió su frente mientras que la imagen de aquella cena encantadora la noche anterior se volvía gris y triste. Recordó una mirada que recibió desde el extremo del salón y que ahora tomaba su real significado: no considerar la opción de mostrarse servil, al parecer se convertía en una pequeña piedra capaz de detener toda la maquinaria que había intentado mover en su favor. –No dejaré de mantener mis principios. –Continuó. –Si esto significa la eliminación de mi nombre de la lista de promoción, que así sea.
-Es usted un filósofo, señor secretario ¡Un verdadero filósofo! –Exclamó el conde con una sonrisa burlona mientras abandonaba con prisa el despacho.
jueves, marzo 31, 2016
Gibosa creciente
…Por suerte tenía a mano la libreta, estaba justo bajo la almohada y la podía tocar con los dedos; la tomé con cuidado y la abrí en la página indicada por la cinta. Lo bueno de las noches de invierno es su aire frío, lo que vuelve más estable la atmosfera; y si a esto sumamos una luna casi llena, se vuelve un regalo nocturno. Una porción de esta luz pálida entraba a borbotones por un extremo de la cortina, golpeando justo mi cama. Moví la libreta hasta la luz para leer unas líneas que había escrito esa mañana en el café de la esquina. Eran palabras sueltas, sin orden aparente, palabras que aparecieron casi como destellos y quedaron atrapadas en el papel. De aquellas, ahora releídas, solo quedaban imágenes y sonidos de una ciudad vertiginosa que nada da al que se lo pide y que sin embargo, permite que afloren textos como este.
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