Esta publicación viene a completar la centena dentro de este blog. Intenté pasar por alto el detalle pero creo que todo esto merece algunas líneas; sobre todo considerando que en este espacio he intentado ser, a través de mi alter ego, Ferragus, un escritor extemporáneo en todas sus acepciones; que busca en las letras de otras personas –y en las propias- la quintaesencia de lo que entiende por literatura ¿Pretencioso, dirá usted? Puede ser. Pero como este empeño tiene un fin puramente personal, no creo incomodar a alguien.
Al completar estos cien textos, no puedo dejar de agradecer a las personas que han visitado este espacio, pero sobre todo, a aquellas que han permanecido. A estas últimas, toda mi gratitud y amistad. Escribo desde la experiencia de la forma más honesta, esto ustedes lo saben; seguiré ese camino, no porque me sea fácil, sino porque es una buena razón que explica este empeño literario.
Es curioso, originalmente en este intermedio, tenía la idea de escribir sobre las sincronías y su presencia en nuestras vidas, pero por lo visto nada de esto ocurrió y el texto se ha transformado en una muestra de genuino agradecimiento a aquellos pocos amigos que tengo el honor de conocer. Entonces, reitero mi más cordial agradecimiento a cada uno de ustedes; reciban un abrazo.
sábado, mayo 10, 2014
jueves, mayo 01, 2014
Marte está dormido
En qué te has convertido, poderoso guerrero astral; viajas arrastrando a tus dos hijos ya muertos en un silencio aterrador que terminará cuando uno de ellos, como queriendo besar tu rostro, te golpeé en estrepitosa caída. Dime, qué ha sido de tu manto; qué de tu líquido vital. A la deriva arrastras tus telúricos recuerdos, tu campo magnético despedazado de pretendida actividad. Te mueres, es cierto, pero quién sobrevive aquí. Nacer es morir en esta palingenésica realidad.
jueves, abril 24, 2014
El desayuno de Rufus
Olvidar el paisaje difuminado por la lluvia;
desechar múltiples amaneceres.
Todo dejaría en un segundo,
por un breve abandono de este presente.
Preso ahora.
Preso siempre.
desechar múltiples amaneceres.
Todo dejaría en un segundo,
por un breve abandono de este presente.
Preso ahora.
Preso siempre.
martes, abril 01, 2014
1914
Se detuvo frente a la puerta que le impedía el paso al interior de la propiedad. Las noches frías se prolongaban por más de dos semanas seguidas, volviéndose insoportable para cualquier persona que se viera en la necesidad de andar por las calles con ese clima. Salvo por la ronda nocturna, se podría decir que aquellas estaban completamente desiertas.
Llamó con tres golpes sobre la gruesa puerta de madera y espero por un instante; miró su reloj, faltaban cinco minutos para las veintitrés horas; sus dedos estaban casi congelados; su cara fría y una respiración rápida y entrecortada le señalaba que su tiempo era escaso. Tomó fuerza y llamó nuevamente, esta vez utilizó el puño de su mano derecha para hacerse escuchar; al minuto una luz se encendió en el segundo piso la cual fue advertida por el reflejo de esta sobre la escarcha que había en la calle.
Hasta sus oídos llegó el ruido confuso de pasos presurosos bajando las escaleras y el posterior sonido de una llave entrando en la cerradura de la puerta principal; la puerta, con un apenas perceptible crujido de los goznes por el peso de esta, se abrió despacio para la inesperada visita.
-¿Tú, a estas horas? Vamos, entra de una vez ¿Qué sucede? –Preguntó el dueño de casa mientras cerraba la pesada puerta que dejaba pasar el frio de la noche.
-Está todo listo. Mi tarea la he cumplido- Contestó con voz agitada- Mañana se tendrán las primeras noticias. Dentro de los próximos días vendrán por ti. Recuerda muy bien esta fecha, estimado amigo.
-La humanidad no olvidará esta fecha. –Le contestó mientras daba un vistazo a un objeto puesto en su muñeca derecha.
-No me queda más tiempo, amigo; si nos volvemos a ver, cosa que me gustaría, espero que sea en tiempos más benignos. –Y recogiendo un poco la manga de su chaqueta, le dio una mirada a un artefacto similar al de su amigo. – Quién lo diría, hoy se cumple un año terrestre exacto desde que llegué a este planeta. –Presionó la superficie de la pantalla y en cosa de segundos desapareció, dejando en su lugar un leve vapor suspendido en el salón.
Luego de esto, el dueño de casa abrió un poco la puerta de entrada para contemplar el vacío de las calles; el hielo y un viento gélido reinaban en la más obscura de las noches. –Sí que no olvidarán el año de 1914- Dijo en voz baja, a la vez que cerraba la pesada puerta.
Llamó con tres golpes sobre la gruesa puerta de madera y espero por un instante; miró su reloj, faltaban cinco minutos para las veintitrés horas; sus dedos estaban casi congelados; su cara fría y una respiración rápida y entrecortada le señalaba que su tiempo era escaso. Tomó fuerza y llamó nuevamente, esta vez utilizó el puño de su mano derecha para hacerse escuchar; al minuto una luz se encendió en el segundo piso la cual fue advertida por el reflejo de esta sobre la escarcha que había en la calle.
Hasta sus oídos llegó el ruido confuso de pasos presurosos bajando las escaleras y el posterior sonido de una llave entrando en la cerradura de la puerta principal; la puerta, con un apenas perceptible crujido de los goznes por el peso de esta, se abrió despacio para la inesperada visita.
-¿Tú, a estas horas? Vamos, entra de una vez ¿Qué sucede? –Preguntó el dueño de casa mientras cerraba la pesada puerta que dejaba pasar el frio de la noche.
-Está todo listo. Mi tarea la he cumplido- Contestó con voz agitada- Mañana se tendrán las primeras noticias. Dentro de los próximos días vendrán por ti. Recuerda muy bien esta fecha, estimado amigo.
-La humanidad no olvidará esta fecha. –Le contestó mientras daba un vistazo a un objeto puesto en su muñeca derecha.
-No me queda más tiempo, amigo; si nos volvemos a ver, cosa que me gustaría, espero que sea en tiempos más benignos. –Y recogiendo un poco la manga de su chaqueta, le dio una mirada a un artefacto similar al de su amigo. – Quién lo diría, hoy se cumple un año terrestre exacto desde que llegué a este planeta. –Presionó la superficie de la pantalla y en cosa de segundos desapareció, dejando en su lugar un leve vapor suspendido en el salón.
Luego de esto, el dueño de casa abrió un poco la puerta de entrada para contemplar el vacío de las calles; el hielo y un viento gélido reinaban en la más obscura de las noches. –Sí que no olvidarán el año de 1914- Dijo en voz baja, a la vez que cerraba la pesada puerta.
lunes, marzo 03, 2014
Certeza
No me importó quedarme en el andén. El tren salía de la estación mientras una extraña vibración subía por mis pies recorriéndome todo el cuerpo. Una sensación de vacío se provocó en mí al ver el último carro del largo convoy alejándose; era suficiente saber que todo lo que hubiese podido hacer estaba hecho; que las cosas tienen su tiempo y lugar. No me amaba, ni yo a ella. Qué tan difícil puede ser aceptar aquello. Si en nuestro último adiós no hubiese abordado el tren esa tarde; si la más pequeña de las dudas la hubiese impelido hasta mis brazos, hubiésemos terminado abrazados, mirando cómo aquel gigante de hierro se alejaba. No, no me amaba, ni yo a ella; y pareciera ser que esa sola idea que se hacía realidad en ese momento, daba lugar a reconocer y aceptar que algo en mí también había muerto.
jueves, febrero 27, 2014
La llamada
Al encender la lámpara que estaba sobre la mesita de noche, toda la pieza quedó inundada de un tono levemente ámbar, muy suave. Presionó el interruptor y la obscuridad se apoderó de todo lo que a sus ojos, se había revelado; sólo un pequeño haz de luz se colaba por entre las gruesas cortinas. Volvió a presionar y las cosas reaparecían ante su mirada. Volvía a presionar y desaparecían –Todo sigue aquí, junto a mí; nada ha desaparecido- se dijo aliviado. Tomó su móvil y buscó entre sus contactos; marcó un número, y envuelto en la más absoluta incertidumbre, esperó que contestaran.
-¿aló?
-Dime…
-¿Dónde estás? ¿Puedes hablar?
-En casa; te escucho…
-Por momentos soy un verdadero estúpido…
-Mira, la verdad no quisiera a estas horas…
-Por favor, déjame terminar; por favor…
-…
-No creo que deba esperar tener certeza de todo; el hecho de no ver las cosas, no significa de manera necesaria que estas no existan. Simplemente no existe la luminosidad que las muestre, que descubra sus formas.
-Cómo así.
-La tranquilidad no se alcanza sólo con certezas, sino también abrazando la incertidumbre que depara el futuro. Fui un idiota al no reconocer tu esfuerzo. Ya sé de donde proviene esta luz que hoy me falta.
-¿De dónde?
-De tu mirada.
-…
-¿Me dejas invitarte un café…? Sólo una taza de café.
-…
-Qué me dices…
Después de aquella llamada, dejó el móvil sobre la mesita y quedó observando la tenue luminosidad que desprendía este; lo miró reconfortado hasta que finalmente se apagó.
En la más completa obscuridad de su cuarto, pudo imaginar las formas de todas las cosas que este contenía.
-¿aló?
-Dime…
-¿Dónde estás? ¿Puedes hablar?
-En casa; te escucho…
-Por momentos soy un verdadero estúpido…
-Mira, la verdad no quisiera a estas horas…
-Por favor, déjame terminar; por favor…
-…
-No creo que deba esperar tener certeza de todo; el hecho de no ver las cosas, no significa de manera necesaria que estas no existan. Simplemente no existe la luminosidad que las muestre, que descubra sus formas.
-Cómo así.
-La tranquilidad no se alcanza sólo con certezas, sino también abrazando la incertidumbre que depara el futuro. Fui un idiota al no reconocer tu esfuerzo. Ya sé de donde proviene esta luz que hoy me falta.
-¿De dónde?
-De tu mirada.
-…
-¿Me dejas invitarte un café…? Sólo una taza de café.
-…
-Qué me dices…
Después de aquella llamada, dejó el móvil sobre la mesita y quedó observando la tenue luminosidad que desprendía este; lo miró reconfortado hasta que finalmente se apagó.
En la más completa obscuridad de su cuarto, pudo imaginar las formas de todas las cosas que este contenía.
lunes, enero 13, 2014
La decisión
la chica de la bici no me ve. Me escondo a su mirada;
no quiero que sepa que estoy allí. Se aleja suave por el camino del parque
hasta desaparecer. Cualquier día le hablo; le explicaré que el amor nace, al
parecer, como las callampas, o sea en cualquier lugar. No, mejor no; suena poco
poético dicho así. Le diré que me basta saber que ella existe en este parque
para querer venir. Le quiero tanto que se lo diré tal cual; y es tanto lo que
la quiero, que no me importa si ella sólo me sonríe y sigue pedaleando hasta
desaparecer.
viernes, enero 10, 2014
Intermedio XII
Recuerdo que tenía un cuaderno donde guardaba relatos breves que surgían de manera caótica en una mente joven e inquita, hoy sólo inquieta, habrá de saber usted. Alcancé a tener un número importante de textos breves y poemitas que, desde un punto de vista onanista, como diría una egregia amiga, me resultaban aceptables. A estos los acompañaba, a veces, con una ilustración que improvisaba, intentando darle un soporte al texto. Qué lindo. Así transcurrieron las páginas en una época donde la inspiración estaba en todos lados. Como dato adicional le contaré, intrigado lector, que comenzaba mi vida laboral en un puesto de trabajo que se desarrollaba en la noche, lo que me permitía estar en tranquilidad al momento de intentar una creación literaria.
Con el advenimiento de la tecnología alguien me convenció que traspasara todos mis textos a un computador, que estando estos allí, estarían libres de extravío o cualquier desgracia semejante. La idea me pareció estupenda así es que me di a la tarea de trascribir, previa rigurosa selección, los textos que supuse tenían algún valor literario, obteniendo con esto una selección de todo mi gusto, un auténtico florilegio (…)
Pero ha de saber, contemporizado lector, que al tiempo después, el azar diría su última palabra en la forma de una fuerte variación de voltaje, provocando una vulgar quemazón de silicios en la tarjeta controladora que traen los discos; si nunca ha visto uno de cerca, levántese de su mullida posición y desarme su porquería de computador, extraiga el disco duro o HD y vea con sus propios ojos singular artilugio. Ese vórtice de electrones, esa abyecta manifestación física, destruyó el trabajo de un escritor en cierne que se confió de la incipiente tecnología. De haber seguido con el cuadernillo quizá aún tendría su trabajo intacto.
Con el advenimiento de la tecnología alguien me convenció que traspasara todos mis textos a un computador, que estando estos allí, estarían libres de extravío o cualquier desgracia semejante. La idea me pareció estupenda así es que me di a la tarea de trascribir, previa rigurosa selección, los textos que supuse tenían algún valor literario, obteniendo con esto una selección de todo mi gusto, un auténtico florilegio (…)
Pero ha de saber, contemporizado lector, que al tiempo después, el azar diría su última palabra en la forma de una fuerte variación de voltaje, provocando una vulgar quemazón de silicios en la tarjeta controladora que traen los discos; si nunca ha visto uno de cerca, levántese de su mullida posición y desarme su porquería de computador, extraiga el disco duro o HD y vea con sus propios ojos singular artilugio. Ese vórtice de electrones, esa abyecta manifestación física, destruyó el trabajo de un escritor en cierne que se confió de la incipiente tecnología. De haber seguido con el cuadernillo quizá aún tendría su trabajo intacto.
martes, octubre 29, 2013
Viento austral
Cómo lo hago para perderme en tu silencio.
Cómo saber que no me expulsarás ante mi súplica.
¿Abrirás tus hielos para guarecerme?
¿Tendrán mis huesos el honor de tu cobijo?
¡Rescátame!
¡Rescátame!
¡Rescátame!
Cómo saber que no me expulsarás ante mi súplica.
¿Abrirás tus hielos para guarecerme?
¿Tendrán mis huesos el honor de tu cobijo?
¡Rescátame!
¡Rescátame!
¡Rescátame!
viernes, septiembre 13, 2013
La sonrisa de Neftalí
Por momentos se escapa la vida por mi cuerpo.
(Por momentos nada más);
se diluyen mis recuerdos,
los anhelos que inventé.
Y no es que mude en brisa,
o en algo espiritual.
Por momentos se escapa la vida por mi cuerpo.
(Por momentos quiere arrancar).
(Por momentos nada más);
se diluyen mis recuerdos,
los anhelos que inventé.
Y no es que mude en brisa,
o en algo espiritual.
Por momentos se escapa la vida por mi cuerpo.
(Por momentos quiere arrancar).
jueves, agosto 01, 2013
Probabilidad cuántica (o el exceso de Merlot)
No me gusta juzgar a las personas por sus desaciertos, pero la verdad que Jean-Poul es un idiota de aquellos. Está bien ser claro en nuestros principios y estar dispuestos a defenderlos, pero otra cosa muy distinta es ignorar todo sentido común. Me explico. El susodicho porfiaba que perfectamente podía lanzarse a un agujero negro (empiece a dimensionar el asunto, por favor) y gracias a la aceleración que alcanzaría la masa total de su cuerpo, una vez traspasado el umbral del horizonte de sucesos, podría convertirse en luz… ¡en luz! Los comensales que estábamos reunidos (compartíamos un cerdito lechón esa tarde) nos mirábamos desconcertados como buscando un punto de apoyo para darle crédito a tamaña tontera. Con los minutos, el punto de vista fue adquiriendo ribetes de una verdadera ponencia, que incluso fue acompañada por más de un dibujo trazado en el suelo (sí, era un asado al aire libre, una jira se podría decir) realizado con un bastón a guisa de lápiz maniobrado con destreza y entusiasmo por el improvisado orador.
Un esotérico podría, quizá, encontrar razón en todo aquello. Yo, que particularmente no soporto quemarme un dedo con un fósforo, no podía imaginar siquiera las temperaturas a que tendría que someter mi cuerpecito en tan azaroso viaje. Miré de soslayo a su esposa que se llevaba la copa hasta los labios en ese momento, y pude distinguir una risita cómplice que le dirigía a la dueña de casa (mi mujer). La novia de uno de nuestros amigos, una muchacha de poco más de veinticinco años, condescendía con la cabeza a las explicaciones dadas por Jean-Poul; en algún momento de la disertación, aquella opinó que era completamente posible; que todos nosotros somos seres de luz y que nuestros cuerpos son la coraza con la que nos hemos castigado nosotros mismos (¡¿?!) que la industrialización y el consumismo sólo nos ha alejado de la luz universal (risas) que debiéramos, como sociedad, luchar por volver a ser seres de pura energía (más risas). Otro del grupo, Eduardo, conocido por su contemporización a ultranza ante opiniones dispares, recorría los vasos de los asistentes, provisto de magnánima jarra conteniendo el mejor de los vinos Merlot del valle. Al llegar hasta mí, y mientras escanciaba el noble líquido en mi vaso, me preguntó con tono guasón “¿Tú qué crees?” Luego de haber estado libando casi toda la tarde y afectado por los grados alcohólicos; con las montañas imponentes proyectando sus sombras; las risas de genuina amistad; la alegría sostenida en el ambiente, sólo pude contestar “Pude ser… Por qué no”
Un esotérico podría, quizá, encontrar razón en todo aquello. Yo, que particularmente no soporto quemarme un dedo con un fósforo, no podía imaginar siquiera las temperaturas a que tendría que someter mi cuerpecito en tan azaroso viaje. Miré de soslayo a su esposa que se llevaba la copa hasta los labios en ese momento, y pude distinguir una risita cómplice que le dirigía a la dueña de casa (mi mujer). La novia de uno de nuestros amigos, una muchacha de poco más de veinticinco años, condescendía con la cabeza a las explicaciones dadas por Jean-Poul; en algún momento de la disertación, aquella opinó que era completamente posible; que todos nosotros somos seres de luz y que nuestros cuerpos son la coraza con la que nos hemos castigado nosotros mismos (¡¿?!) que la industrialización y el consumismo sólo nos ha alejado de la luz universal (risas) que debiéramos, como sociedad, luchar por volver a ser seres de pura energía (más risas). Otro del grupo, Eduardo, conocido por su contemporización a ultranza ante opiniones dispares, recorría los vasos de los asistentes, provisto de magnánima jarra conteniendo el mejor de los vinos Merlot del valle. Al llegar hasta mí, y mientras escanciaba el noble líquido en mi vaso, me preguntó con tono guasón “¿Tú qué crees?” Luego de haber estado libando casi toda la tarde y afectado por los grados alcohólicos; con las montañas imponentes proyectando sus sombras; las risas de genuina amistad; la alegría sostenida en el ambiente, sólo pude contestar “Pude ser… Por qué no”
martes, julio 23, 2013
La cuestión
Qué se sentirá trascender, me pregunto; deslizarse consciente hermanado al tiempo. Qué serían entonces los recuerdos, las épocas.
martes, julio 09, 2013
Un díos y su caída
Nada más intuir el borde del tiempo, sus pasos fueron directos donde yacía su recuerdo; desechó su mirada, entonces mundana, intentando aquella prístina que la memoria reconocía. Se estuvo allí imaginando, cuánto, más de siete mil quinientos años y contando.
viernes, junio 28, 2013
Vida de perro
Despertó sobresaltado: soñó con una constante caída; inquieto por lo sucedido en el sueño, esperó con ansia que abrieran el portón del parque aquella mañana.
Una vez fuera del parque, se dirigió hasta el local donde seguro lo aguardaba la dueña; como todos los días, esta al verle le saludó, al tiempo que le pasaba su pan del desayuno.
Se retiró hasta un lugar tranquilo y allí devoraba su sustento matutino. Luego, estirando con pereza todo el cuerpo, se preparaba a realizar lo que mejor sabía hacer: ladrar a los niños que jugaban.
Una vez fuera del parque, se dirigió hasta el local donde seguro lo aguardaba la dueña; como todos los días, esta al verle le saludó, al tiempo que le pasaba su pan del desayuno.
Se retiró hasta un lugar tranquilo y allí devoraba su sustento matutino. Luego, estirando con pereza todo el cuerpo, se preparaba a realizar lo que mejor sabía hacer: ladrar a los niños que jugaban.
martes, febrero 05, 2013
El silencio del saurio
Recostado sobre el lomo de un saurio, el sol besa de manera tangencial mi cabeza. Ni los años que he vivido, ni los que restan hasta mi muerte, alcanzan para separar la realidad de lo que imagino –La imaginación es sólo la vida en gerundio- responde mi compañero. La mirada viaja entre paisajes y delirio. Siento el resoplido del saurio que me acompaña (Respiración entrecortada, a veces al compás de la mía) El sol desciende lentamente tras las aguas del Pacífico, y la brisa fría de la noche se prepara. Ahí es cuando tomo entre mis brazos al celador de mis días y le pido que revele su secreto.
Sueñas tranquilo junto a mis suplicas, y yo al final exhausto, me duermo contigo.
Sueñas tranquilo junto a mis suplicas, y yo al final exhausto, me duermo contigo.
martes, diciembre 18, 2012
Intermedio XI
No es cosa fácil avanzar en la lectura; al día de hoy he llegado con mucho esfuerzo al tomo número cuatro de la comedia humana. Pensé (¡ja!) que la tendría lista por ahí en el mes de septiembre; que para entonces enfrentaría el último resto pendiente que mantengo con Thomas Mann, por ejemplo. No es que Balzac sea laberíntico o su prosa en extremo confusa, al contrario: tiene una fluidez que dan ganas de no parar. El problema apareció por mi lado; por esto que algunos reconocen como tráfago; otros, con tintes metafísicos lo llamarán azar, qué sé yo. Para mí fue pura y sencillamente el día a día.
Sin embargo, hasta ahora no está mal. Lo único que tendré que hacer es prolongar los plazos y seguir disfrutando de esta obra; obra que a pesar de los años en que fue concebida, no deja de tener, o de entregar si se quiere, una actualidad que hace sonreír.
Hace poco tiempo, conversando con una amiga de literatura, me preguntó por la calidad de Dostoievsky en relación a Balzac. Es bien difícil ser objetivo al respecto, sobre todo cuando no se tiene la posibilidad de leer a los autores en cuestión desde su original; así y todo intenté un respuesta lo más honesta posible. Y es que con en el primer autor, lo principal pareciera ser el viaje por la psique del los personajes; mucho de los paisajes descritos por el ruso están dados en términos generales, no quiero decir en forma mezquina, sino adecuada. Con el otro, el entorno cobra vital importancia: la descripción que realiza de la vida parisina; sus salones llenos de gente haciendo gala de sus encantos; el arte de la sociabilidad; la descripción de sus calles o de la campiña, todo ese detalle se vuelve capital en el relato.
Este punto satisfizo a mi interlocutora quien se quejaba del poco tiempo que existe para la lectura.
Hoy en día, si no puedes decir algo en poco más de ciento treinta caracteres, muy pocos tendrán el tiempo de leerte.
La visita de un amigo.
Mi buen amigo Ferragus, se devana los sesos tratando de sacar en forma de texto las mil ocurrencias que de su febril imaginación por momentos brotan. Le explico que se lo tome con calma, que es sólo producto de su excesiva lectura; que es como una suerte de residuo o cristalización al final de la lectura, nada más -¡Por eso mismo tengo que escribir!- Me responde con ánimo.
Escribir por exceso de lectura. Me pareció interesante la idea pero no sé si podría validarla como cierta. Tampoco tengo las ganas siquiera de hacer algo más que la simple teorización del asunto para aclararlo. Pero le creo: es un entusiasta de la lectura.
Lo noto ocupado con su lectura y prefiero no quitarle tiempo; tiene un bonito paisaje desde su ventana. Puedo apreciar las cumbres cordilleranas con algunas manchas de nieve dejadas por el pasado invierno; un damasco cargado de frutos próximos a madurar y un álamo enorme con su follaje prodigando sombra. Le dejo tranquilo en su entorno. Salgo de su cuarto tratando de no interrumpir. Justo a la salida, casi en el dintel de la puerta pregunta -¿volverás ponto a visitarme?- Mi sonrisa le anticipa la respuesta y sonríe también -Sólo me tienes que llamar- Respondo.
Sin embargo, hasta ahora no está mal. Lo único que tendré que hacer es prolongar los plazos y seguir disfrutando de esta obra; obra que a pesar de los años en que fue concebida, no deja de tener, o de entregar si se quiere, una actualidad que hace sonreír.
Hace poco tiempo, conversando con una amiga de literatura, me preguntó por la calidad de Dostoievsky en relación a Balzac. Es bien difícil ser objetivo al respecto, sobre todo cuando no se tiene la posibilidad de leer a los autores en cuestión desde su original; así y todo intenté un respuesta lo más honesta posible. Y es que con en el primer autor, lo principal pareciera ser el viaje por la psique del los personajes; mucho de los paisajes descritos por el ruso están dados en términos generales, no quiero decir en forma mezquina, sino adecuada. Con el otro, el entorno cobra vital importancia: la descripción que realiza de la vida parisina; sus salones llenos de gente haciendo gala de sus encantos; el arte de la sociabilidad; la descripción de sus calles o de la campiña, todo ese detalle se vuelve capital en el relato.
Este punto satisfizo a mi interlocutora quien se quejaba del poco tiempo que existe para la lectura.
Hoy en día, si no puedes decir algo en poco más de ciento treinta caracteres, muy pocos tendrán el tiempo de leerte.
La visita de un amigo.
Mi buen amigo Ferragus, se devana los sesos tratando de sacar en forma de texto las mil ocurrencias que de su febril imaginación por momentos brotan. Le explico que se lo tome con calma, que es sólo producto de su excesiva lectura; que es como una suerte de residuo o cristalización al final de la lectura, nada más -¡Por eso mismo tengo que escribir!- Me responde con ánimo.
Escribir por exceso de lectura. Me pareció interesante la idea pero no sé si podría validarla como cierta. Tampoco tengo las ganas siquiera de hacer algo más que la simple teorización del asunto para aclararlo. Pero le creo: es un entusiasta de la lectura.
Lo noto ocupado con su lectura y prefiero no quitarle tiempo; tiene un bonito paisaje desde su ventana. Puedo apreciar las cumbres cordilleranas con algunas manchas de nieve dejadas por el pasado invierno; un damasco cargado de frutos próximos a madurar y un álamo enorme con su follaje prodigando sombra. Le dejo tranquilo en su entorno. Salgo de su cuarto tratando de no interrumpir. Justo a la salida, casi en el dintel de la puerta pregunta -¿volverás ponto a visitarme?- Mi sonrisa le anticipa la respuesta y sonríe también -Sólo me tienes que llamar- Respondo.
miércoles, noviembre 07, 2012
Ascensión de un hombre justo
Sostener el cuerpo a esa altura, sobre todo para una persona de su edad, es casi una proeza. Lo digo porque conozco los efectos que puede provocar ese paisaje embriagador después de algunas horas de ascensión. Con sus cumbres coronadas de nieve; sus cursos de deshielos corriendo presurosos por las quebradas; las corrientes de aire comprimiendo contra las paredes rocosas el desarrollo de alguna nubosidad; los sonidos, en fin.
Haciendo un último esfuerzo, alcanzó el desfiladero de aquel trozo de cordillera y acomodando la espalda en una roca cercana, quedó extasiado en aquella inmensidad. “Aquí es donde quisiera morir” se dijo, contemplando con alegría la luminosidad de las primeras horas del atardecer.
Al cabo de un tiempo de aquella aventura, su salud comenzó a deteriorarse cada día un poco más, siendo internado en el hospital local por algunas semanas donde finalmente murió. Le fui a visitar justo el día en que falleció y tuve la certeza al ver su cuerpo tendido en la cama, que aquel hombre ya no estaba allí; que todo el resto de vida que le quedaba hasta entonces, lo ocupaba en realizar su última ascensión. Me miró con alegría y extrañeza al percatarse de mi presencia “sujétate bien, no vayas a caer” dijo, mientras seguía absorto en ese lugar que tiempo atrás me contó, había conquistado.
Haciendo un último esfuerzo, alcanzó el desfiladero de aquel trozo de cordillera y acomodando la espalda en una roca cercana, quedó extasiado en aquella inmensidad. “Aquí es donde quisiera morir” se dijo, contemplando con alegría la luminosidad de las primeras horas del atardecer.
Al cabo de un tiempo de aquella aventura, su salud comenzó a deteriorarse cada día un poco más, siendo internado en el hospital local por algunas semanas donde finalmente murió. Le fui a visitar justo el día en que falleció y tuve la certeza al ver su cuerpo tendido en la cama, que aquel hombre ya no estaba allí; que todo el resto de vida que le quedaba hasta entonces, lo ocupaba en realizar su última ascensión. Me miró con alegría y extrañeza al percatarse de mi presencia “sujétate bien, no vayas a caer” dijo, mientras seguía absorto en ese lugar que tiempo atrás me contó, había conquistado.
martes, octubre 16, 2012
Mañana de réquiem
Era la primera vez que abría el cuaderno de su hermano; el cuerpo aún tibio, mantenía aquella serenidad que tanto admiraba en él. Esa mañana, sentado a la orilla de la cama y a la espera que llegara el médico, hojeó el diario como buscando un trozo o página en particular.
-Tengo que realizar los trámites en la funeraria ¿Te quedas tú con él? –Preguntó la viuda con aire frío y protocolar.
-Lo prefiero… si no te incomoda. –Contestó.
La mujer dio una mirada al cuerpo de su ahora difunto esposo. Luego, sus pupilas se clavaron en las de su cuñado y en una especie de dolor contenido; de enfado con todo lo que la rodeaba en ese instante; de impotencia hacia ella misma, dio media vuelta y se marchó.
-¡Espera! –alcanzó a decirle aquel. Sus pasos se detuvieron de inmediato y luego de un breve momento, su imagen reapareció lentamente deteniéndose junto a la entrada.
-¿Aún me amas?
Esa misma pregunta hecha en ese momento por otra persona, hubiese sido una falta de delicadeza imperdonable para ella. Sólo el amor libera de las formas, tornando audaces a los amantes bajo su influjo.
-Tengo que realizar los trámites en la funeraria ¿Te quedas tú con él? –Preguntó la viuda con aire frío y protocolar.
-Lo prefiero… si no te incomoda. –Contestó.
La mujer dio una mirada al cuerpo de su ahora difunto esposo. Luego, sus pupilas se clavaron en las de su cuñado y en una especie de dolor contenido; de enfado con todo lo que la rodeaba en ese instante; de impotencia hacia ella misma, dio media vuelta y se marchó.
-¡Espera! –alcanzó a decirle aquel. Sus pasos se detuvieron de inmediato y luego de un breve momento, su imagen reapareció lentamente deteniéndose junto a la entrada.
-¿Aún me amas?
Esa misma pregunta hecha en ese momento por otra persona, hubiese sido una falta de delicadeza imperdonable para ella. Sólo el amor libera de las formas, tornando audaces a los amantes bajo su influjo.
lunes, octubre 01, 2012
Ensayo para una huida
…Inclusive le era difícil llevarse una
cucharada de caldo hasta su boca: una mujer atenta le asistía. Por momentos su
mirada salía disparada de aquel cuarto y se paseaba sobre los tejados vecinos.
Se trepaba en algún gancho de un perfumado abeto y desde allí imaginaba su
partida (o mejor dicho, su huida) Sentía
la tibieza de la cuchara en su boca y volvía al plato de comida.
lunes, septiembre 10, 2012
El sueño de la llama.
La llama de la vela danza, se mece; arraigada firme a su pábilo que la protege. Anhela soltarse un día de su carbonizado celador; de subir alto donde otras, por las noches, también titilan y se mecen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)