jueves, marzo 19, 2015

Aromas del sur en la cartera

Movía las cosas de su cartera apoyada en el escritorio. Tomaba una cosa, luego otra. Su respiración, entrecortada, intentaba contener un profundo sollozo que no le abandonaba desde la noche anterior. Tomaba un lápiz desde el interior sólo para volverlo a guardar. Encontró un encendedor del hotel donde pasaron las vacaciones; lo miró sin sacarlo del todo de la cartera; leyó la publicidad en silencio: "Hotel cabañas del sur". Lo repitió una vez más sin mirar el nombre grabado en él. Recordó la tarde exacta cuando encontró la promoción turística en su correo electrónico; recordó también la reserva que tomaría por doce días de alojamiento en aquel lugar. Lo que más recordaba, sin embargo, era ese paisaje que se apreciaba desde su habitación, paisaje que tenía algo de sobrenatural, algo parecido a un sueño del cual difícilmente se quisiera despertar. Ahí estaba otra vez: ese nudo en la garganta que le oprimía el pecho haciendo difícil el respirar. Soltó el encendedor y siguió moviendo cosas en aquel desorden conocido tan bien. Luego, casi al fondo de su cartera, encontró con la punta de sus dedos aquel puntero láser que se negaba a salir. Recordó la figura de aquella persona alejándose de ella en el terminal aéreo y su nombre contenido en su boca sin dejarlo salir. Tomó el puntero láser firmemente entre sus dedos y lo extrajo con decisión:
-Buenos días alumnos.
-¡Buenos días profesora! –Contestó el curso a una sola voz.
-Hoy hablaremos de los bosques del sur.

2 comentarios:

Taty Cascada dijo...

Su pensamiento estaba preso de aquel Hotel del sur, donde supo lo que era la palabra felicidad.
Abrazos.

Ferragus dijo...

Es verdad, Taty. La felicidad por momentos duele. Otro abrazo.