domingo, agosto 24, 2008

Cuento corto

Resulta que se cansó de todo. No quería intentarlo otra vez. En su intento más reciente se lo había prometido: “Es la última vez…” Y claro, no ocurrió como imaginaba. Inclusive, empeoró su escenario. Frunció el ceño, se atragantó con un sollozo contenido, cerró sus ojos y se dejó morir.

jueves, agosto 14, 2008

Intermedio III

Tratando de capturar el máximo de luz posible, mí telescopio de 114mm de abertura me regala un panorama espacial maravilloso; cada uno de aquellos planetas que puedo observar se tornan entonces cercanos y debilitan aún más mis pobres certezas de un universo apenas imaginado.
Maravillosas fajas de colores visten a un Júpiter protector, escoltado en su marcha celeste por sus más de sesenta satélites. Con mí artilugio sólo alcanzo a apreciar cuatro de ellos, todos hipnotizados por su campo gravitacional. -No, no me digas que no te sientes querido, poderoso cúmulo de materia sólida y gas.
Sí, también intuyo tu sonrisa gélido Plutón; nada te importa la disputa entre los hombres sobre tu naturaleza universal. Entonces, Caronte hace chanzas sobre tu nuevo ‘status’ y tú, simulando pesar, revientan luego en carcajadas que alcanzo a escuchar.


PS
Una de las cosas buenas del invierno: Su aire poco turbulento, gracias a las bajas temperaturas, permite una observación más nítida.

martes, agosto 05, 2008

Amigos en el desierto

El sabía que la única posibilidad de salir de ese desierto, era realizando las jornadas de caminata por la noche. Con una provisión de agua que difícilmente alcanzaría para un par de días, se dio a la tarea de optimizar aún más su consumo.
Tras de él, quedaron los cuerpos de sus dos mejores amigos confundidos entre los fierros retorcidos de la aeronave. No dejaba de culparse por no haber impuesto su opinión de lo peligroso que resultaba realizar ese vuelo rasante sobre el salar, sabiendo que las diferencias térmicas en las capas inferiores podrían causar una falta de sustentación de la aeronave. Pero no, prefirió confiar en las manos del que hasta ese momento, fuera su amigo desde los años de colegio y sólo se limitó a intercambiar miradas nerviosas con su otro compañero de asiento que disfrutaba las maniobras y la proximidad del paisaje.
Al llegar el día, se daba a la tarea de buscar un lugar que le permitiera refugiarse del sol y de su peor compañera: La deshidratación. Su contextura más bien delgada y estatura mediana, le otorgaba un cierto aire de debilidad física, sin embargo, poseía un carácter que le permitía sobreponerse a singulares situaciones, por extremas que estas fueran. Prueba de ello, fue aquella oportunidad en la que siendo apenas un joven, salvó a su prima de ahogarse en las aguas de un río que ya reclamaba el cuerpo de la muchacha.
Pero ahora lo intuía distinto, una sensación extraña perturbaba su mente; por momentos se culpaba el haber abandonado los cuerpos de sus dos amigos y no haberles procurado sepultura. Pensó en volver durante todo ese día, -pero, para qué- se preguntaba. Sus amigos ya no lo necesitaban, los recuerdos de ellos serian las únicas cosas que conservaría; recordaría las tardes de conversación y lo mucho que les gustaba discutir sobre filosofía hasta altas horas de la noche. Inclusive, uno de ellos manifestaba su agrado con la idea que su cuerpo quedara olvidado en la tierra –Tan ecológico, este muchacho- se burlaba uno de ellos y todos reían de buena gana.
Cuando comenzó a caer la noche y después de dar un sorbo de agua, se puso de pie y comenzó a desandar el camino recorrido; su objetivo era claro: Ver a sus dos amigos nuevamente. Sintió lo absurdo de su decisión, lo poco razonable que estaba siendo y el riesgo cierto al que nuevamente se exponía considerando lo limitado de su reserva de agua, pero no le importó ¿Era una absurda nostalgia? ¿Un cargo de conciencia? No llegaban respuestas para esas preguntas, por lo tanto, decidió volver al lugar del accidente y una vez estando allí pensaría qué hacer. Por otro lado, aún quedaba otro envase con agua que no pudo llevar en su momento, a demás, sería bueno rescatar el botiquín que seguramente contenía medicamentos que podría necesitar.
Ajustó sus horarios de marcha, lo que le permitió llegar al sitio del accidente con el amanecer. A lo lejos se divisaba los restos del fatal accidente y tuvo la sensación de un hielo recorriendo todo su cuerpo acompañado de una infinita paz que le hacía sentir como si sus pasos estuvieran levemente por encima de la superficie del suelo. Sí, ahora se encontraba tranquilo ante la imagen del desastre, como si se hubiese sacado una roca de encima, la cual casi reventaba sus huesos. La certeza de lo correcto en su decisión, le entregaba la tranquilidad y aceptación de ver entre los fierros retorcidos, los restos de aquellos tres amigos.

jueves, julio 24, 2008

Glaciar austral

El pequeño barco avanzaba decidido, rompiendo con su proa el mar encerrado entre aquellos canales de un continente que a esas latitudes, se despedaza; transformándolos en laberintos líquidos, refugio de hielos, nubes, vientos y mar.
En poco menos de cuatro horas estaría cerca del gigante de hielo, que recostado sobre trozos de cordillera pareciera que derrite sus pies en el mar. Entonces el viento, como centinela de los fiordos, vuelve lento el desplazamiento de la nave, las aguas embravecidas obligan al pequeño barco a desarrollar toda su potencia para no zozobrar. Con mí cuerpo aterido por el viento austral, me asomo por el lado de babor para intentar ver de cerca esas aguas verdosas que ya se las quisiera Caribdis para atrapar a Odiseo. Cruje una y otra vez la nave ante la fuerza de aquel elemento; vórtices de agua emulando bocas dentadas dispuestas a devorar todo lo que caiga en sus terribles fauces. Le doy una mirada al capitán de la nave, que con sus dientes apretados pero una mirada desafiante, me da la tranquilidad que aleja de mí el desastre. Los aguaceros se suceden uno tras otro, impidiendo inclusive, mí visión; se me aconseja ingresar a la nave para capear el ventarrón, pero yo, por una porfía inexplicable emanada, quizá, de mis instintos más primitivos, me niego: -¡No, estoy bien! aquí está el prodigio de la creación; la fuerza de los elementos; respiro bocanadas de hilo, respiro vida- Me dieron ganas de ser paisaje, sentía temblar mí cuerpo -Quiero ser cordillera, ahora viento, ahora hilos- Sí, estaba embriagado de vida…
Al llegar a un remanso, dejamos la embarcación y empezamos la última etapa del viaje a pie. Luego de dejar la orilla, ingresamos a una zona de bosque austral donde mis pies se hundían en el musgo flanqueados por enormes helecho, tal era lo ubérrimo de la vegetación. Inquieta la vida de aquella zona por nuestra visita, se manifestaba en sonido de diferentes aves que alertaban al resto de la llega de extraños. Mí ignorancia sobre la fauna de aquellos paisajes, me impidió reconocer a la mayoría de ellos. Enterrados en esa vegetación, sólo me quedaba confiar en la experiencia de nuestro guía, él era conocedor de aquella zona, su desplazamiento era seguro y nunca maltrató siquiera una rama en su avance por ese paisaje maravilloso.
Luego, como de la nada, percibí un ruido traído por el viento, era como un crujido de madera amplificado, algo así como el sonido que hacen los barcos de madera ¿Lo has escuchado? Después de remontar una pequeña loma, nos encontramos con aquel gigante de hilo recostado sobre trozos de cordillera. Infinitamente azul se dejaba observar en toda su dimensión; me acerqué lo más que pude para intentar decirle algo; qué cosa más irracional ¿Cierto? Quería decirle que era hermoso, que lo respetaba, que no se molestara por invadir su reino helado. Estaba vivo, se acomodaba entre las rocas cordilleranas y precisamente de allí provenían esos crujidos que escuchara momentos antes. Sobre sus piernas, un manto de polvo cubría su milenaria estructura. El agua al parecer le exigía tributos, porque a los pies de él, varios trozos de hilo danzaban hasta morir. Sólo pude estar a sus pies en aquella visita y la verdad, sentí que así debía ser. Las despedidas no me agradan; antes de partir lo mire fijamente hasta donde mis ojos alcanzaban, al fondo, perdido entre nubarrones adivinaba su sonrisa, me di media vuelta y me marché. No quise mirar nuevamente, me dolía el tener que partir.
Una vez que estuve a bordo de la nave y que el capitán enfilara con rumbo a Puerto Natales, un prodigio ocurrió ante mis ojos: Un arco iris apareció en el estrecho que navegábamos, de orilla a orilla me decía adiós.

lunes, julio 14, 2008

Vicuña Mackenna

Un día extrañamente soleado sobre Santiago fue el escenario de una nueva visita a un museo ubicado en el centro de ésta capital, que desde mis días de colegio no visitaba. En una suerte de digresión, comentaré lo extraño de ese día soleado considerando la estación en que nos encontramos: otoño. De él, a la fecha, nada se ha visto aún; la falta de su contundente presencia que a parte de manifestarse en la caída de hojas, también se veía reflejado en vientos fríos y nubes en altura; de todo eso, de su ocre presencia: Nada.
Con el predominio de esas condiciones climáticas, e intuyendo la presencia de cenizas a gran altura sobre la ciudad, patrocinado por la actividad volcánica en la zona austral de Chile, comencé un recorrido sobre objetos que pertenecieron a un personaje público y quien dedicará todo su esfuerzo, a mejorar el rostro de una nación que se arremolinaba en su capital. Este personaje (ilustre a mí entender) fue el señor Benjamín Vicuña Mackenna.
No quiero referirme al hombre hecho personaje, tampoco a su ascendencia y privilegios concordantes con sus responsabilidades, sino más bien a la psicología de este hombre. Y para lograr este cometido debemos situarnos en el tiempo con el cual tuvo que vérselas nuestro ciudadano.
Corría un joven siglo diecinueve cuando nació nuestro hombre, su patria daba los primeros pasos como república y requería de todo el esfuerzo y trabajo de su gente. Él lo supo no por una cuestión instintiva, sino más bien, por una educación que lo llevó a despertar de manera organizada aquellas ansias de libertad e igualdad de los hombres. Profundamente americanista, entendió el fenómeno que se estaba germinando en cada uno de los pueblos de este joven continente. Fue así que se lanzó en esta empresa que tenía como fin, lograr el bienestar de su gente a través del acceso de todos sus ciudadanos a la organización del nuevo estado. Entendió de manera muy clara una frase que para nosotros es casi un cliché: Justicia social. Conoció de cerca los principios de los movimientos anarquistas de aquella época; conoció a Francisco Bilbao, destacado por su intransigencia con las clases dominantes; Santiago Arcos y su fuerte influencia revolucionaria francesa; conoció los principios de la llamada “sociedad de la igualdad”. En fin, entendió todas las vertientes que se desarrollaban, no sólo en Chile sino también en el resto de América. Un dato no menor, fue alumno de uno de los hombres más destacados de América: Andrés Bello.
Le provocaba dolor la presencia de niños en medio de la miseria humana; lugares que se prestaban para el desarrollo de los vicios y conductas degradadas. Esto hace pensar en un hombre que se conmovía ante el dolor ajeno. Sabía que el estado era impotente ante esa realidad de sus compatriotas, eran los llamados “desheredados” Quizá ese dolor que él palpaba; esa carencia de toda oportunidad; la degradación más brutal de la condición humana, fue el impulso para desarrollar su proyecto de vida que se vio materializado en sus múltiples cargos públicos, los que tenían como objetivo el bienestar de una ciudad para sus habitantes. Fue así como se empeño en organizar el crecimiento de la ciudad; rescatar lugares para el uso público; preocuparse por el abastecimiento de agua potable; emprender proyectos de seguridad ciudadana, entre los más destacados.
Su pluma no fue menor; numerosos libros alcanzó a escribir, entre los que he tenido la oportunidad de leer destaco: El ostracismo de los Carreras; Guerra a muerte; Diego Portales. Entre otros.
Entonces usted comprenderá, estimado lector, la agradable sensación que sentí al salir de este museo que recuerda a uno de los hombres preclaros de mi patria. Camino por una avenida que lleva su nombre y entre los rostros que se cruzan ante mí, me voy perdiendo entre esa multitud, conformando un futuro que imaginó un hombre hace muchos, muchos años.

martes, julio 01, 2008

Ciudadano XXI

¿Se siente por momentos como un mimo? ¿No le ha ocurrido que avanzando por la ciudad en un día cualquiera, siente que sólo nos falta la cara pintada de blanco? Quizá, esta sensación nos señalaría que tenemos más cosas en común con otros de lo que quisiéramos reconocer.
La humanidad está mostrando una cada vez mayor independencia en sus individuos. Estos son más proclives a construir una realidad a partir de sus experiencias elementales y en buscar respuestas por cuenta propia. Se aleja de aquellas que daría un líder, ya sea éste político o religioso; se da a la tarea de cuestionarse a sí mismo y también de cuestionar al medio social en el que éste se desenvuelve. Comienza a ser menos gregario y se acercaría a un individuo de perfil librepensador. Esta escisión empezaría a manifestarse con la falta de interés en procesos eleccionarios o en otras variedades de convocatorias civiles, por ejemplo. Un sistema que no tenga integrado este tipo de fenómeno, corre el riesgo cierto de experimentar debilitamiento en su cohesión, dando incluso lugar a levantamientos sociales poco afortunados, representados por un caudillo popular que tendría que ver con una cuestión de residuo mediático, más que con una imagen de estabilidad, contenido y propuesta. Sin embargo, los sistemas políticos actuales, en su gran mayoría, también han ido evolucionando junto con éste nuevo personaje social.
(En esta realidad se da un jueguito interesante con ribetes perverso entre “él” y “ellos”. “ellos” acusan a “él” de una carencia absoluta de “ellos” en su “él”; y por otro lado, “él” sospecha la manipulación del “ellos” por parte de un “él” encubierto ¿Entendió?)
En mí caso, encuentro riesgoso aventurar un pronóstico sobre el destino de éste nuevo individuo, no obstante, existen efectos que ya se hacen notar y no serían precisamente de mi agrado; éste dice relación con el debilitamiento de la imagen de familia. Si bien es cierto no creo que desaparezca en el tiempo, sí observo una tendencia a darle un carácter más utilitario y menos humanista. Cosas de éste nuevo siglo, lo mejor es pasar a servirse un café. ¡Ah! y sonría…

jueves, junio 19, 2008

De hoteles y despedidas

…La amable señora de tez blanca y cabellos rubios, nos condujo junto a mí padre a una casa que se ubicaba en un sector próximo al hotel. Este último se encontraba a toda su capacidad de pasajeros por el inesperado arribo de un grupo de trabajadores forestales que efectuaban labores en la cordillera. Mientras avanzábamos, escuchaba el ruido tan particular de las pisadas sobre el camino; por momentos aquellos pasos entraban en sincronía y semejaba una marcha, luego esa sincronía era interrumpida por el cambio en el ritmo de alguno de los integrantes del grupo, volviendo a aquel ruido inicial de múltiples pisadas que se iban perdiendo en el silencio de una noche que ya se anunciaba.
Al llegar a destino, no pude apreciar en su totalidad la casa que nos acogería por una noche, nuestro arribo a la misma se produjo cuando la oscuridad de la noche estaba ya tendida sobre el paisaje. La entrada estaba precedida por un parrón vetusto que se extendía por unos treinta metros hasta la puerta de entrada. Una señora anciana salió a recibir a los inesperados pasajeros y sostuvo una breve conversación con nuestra guía que nos condujo hasta allí. Luego, girando sobre sus talones nos dijo: -Está todo arreglado, dormirán acá y el desayuno lo tomarán en el hotel; por favor, disculpen el inconveniente, los espero antes de las ocho. Buenas noches- Y se marchó.
Con una cierta incomodidad entramos con mí padre a un ambiente que sugería la interrupción en la marcha del tiempo y el predominio de una época que se había quedado estancada entre los muebles y las paredes; parecido a lo que ocurre cuando un curso de agua arrastra todo a su paso, excepto, lo que contiene un vórtice formado en algún tramo de la orilla de aquel curso.
La habitación que tengo disponible para ustedes se encuentra en el segundo piso, es pequeña pero con una bonita vista –Habló la anciana, dirigiéndose a nosotros- Suban las escaleras, al final del pasillo la puerta que estará a su izquierda, el baño es la puerta de la derecha. –Y continuó diciéndonos- Ustedes disculparán que no los acompañe, pero a mí edad ya no me es fácil subir aquellas escaleras. Que tengan buenas noches. –Buenas noches, gracias- Respondimos casi a dúo con mí padre.
Cuando llegamos al segundo nivel, pudimos observar un pasillo que contenía cuatro puertas por lado; la nuestra era la última de ellas y hacia ella nos dirigimos presurosos. Verificamos la puerta del baño previamente, según las instrucciones recibidas y nos encerramos en nuestra habitación a descansar del día de trabajo y a hacernos cargo de esa realidad que nos fuera impuesta por un hecho fortuito.
Recuerdo las miradas que nos cruzábamos con mí padre mientras hablábamos de cualquier cosa, eran miradas de disculpas, de un “no fue mi intención” o quizá de un “disfrutemos de esto” En el momento no lo supe descifrar, o talvez no quise por temor o simple negación: Él estaba partiendo y yo no quería aceptarlo. Mientras hablábamos, sentados cada uno en sus camas y disfrutando de un cigarrillo, miraba las sombras de nuestros cuerpos proyectadas en el piso de madera; no era yo más aquel niño de sombra reducida ante la de su padre. Ahora nuestras sombras se veían iguales, se confundían entre el humo, las risas y la conversación. La noche se detuvo a contemplar la escena entre aquellos dos hombres que se despedían.
Una vez que estuvimos acostados y la luz apagada, nos dirigimos algunas palabras que hacían referencia a la ornamentación de la habitación. Esta contenía una gran cantidad de libros de diversos temas y autores. Curiosamente, siendo yo un lector regular, no tomé ninguno de ellos para hojearlos un momento. A mí padre le ocurrió algo similar, pero lo atribuyó al cansancio acumulado. Reímos un momento más imaginando títulos posibles de esa improvisada biblioteca que hicimos crecer abarcando las cuatro paredes de una habitación que ya no pertenecía a la casa de huéspedes, sino más bien, a una dimensión que nos atraía a un centro apenas sospechado.
Luego que fuéramos vencido por el sueño y la noche volviera a su trabajo apurada por un amanecer que le seguía de cerca, descansamos y soñamos un sueño que lo intuí compartido por ambos mas nunca mencionado. Tampoco fue necesario. Cuando amaneció, mí padre se levantó primero y yo seguí sus pasos. Luego de terminar con la etapa del baño y una vez que estuvimos vestidos, nos dispusimos a abandonar aquella casa que nos acogiera por una noche. Esta vez caminamos muy despacio para evitar despertar a supuestos huéspedes que ignorábamos. Una vez que estuvimos en la planta baja, dudamos en despertar a la anciana para avisar nuestra partida; optamos por seguir nuestra retirada con el menor ruido posible. Al llegar a la puerta, empezamos a recorrer el parrón que nos conducía hasta la calle y una vez allí, comenzamos a caminar en dirección al hotel para desayunar, nos sentimos como estar regresando de un viaje largo que no teníamos considerado, no obstante, en aquel viaje supimos con certeza nuestros destinos inexorables. Desde ese momento y hasta el día en que él partió, todo fue complicidad y alegría.

domingo, junio 15, 2008

Intermedio II

Al terminar el texto dedicado a Alonso de Ovalle, quedé con una sensación de tranquilidad con un cierto contenido de alegría. En un principio, no supe la razón que motivaba ese estado; luego de algunos días llegó a mí la respuesta: Era la existencia de un personaje que se relacionaba con el primero. Este hombre fue Manuel Lacunza. Los dos en cuestión compartían la misma orden religiosa, ambos era jesuitas y ambos nacieron en Chile.
No ofenderé a Plutarco con algún intento de mí parte en realizar una Vidas paralelas, no; pero sí prepararé un texto a este otro hombre que aunque no se conocieron, ambos compartieron un suelo común; espero publicarlo próximamente.
Por momento, publicaré un texto en el cual describo una experiencia vivida con mí padre hace algunos años y que se volviera capital en la vida de los dos. Este texto está basado en un viaje (¿iniciático?) al sur de Chile a una localidad llamada La unión.

jueves, junio 05, 2008

El libro y usted

Cuál es el método que usted utiliza para elegir un libro.
Existe una gran variedad de prensa escrita y electrónica que nos pueden dar una mano a la hora de escoger un libro. Esto incluye también a los programas televisados, en los cuales se aborda la cuestión literaria a través de autores consagrados o emergentes. Claro que aquí el concepto es un poco más amplio el cual nos permite conocer la psicología del invitado, al individuo que se pregunta, se contradice o reinterpreta el estado de una humanidad que ha transitado por un devenir hecho historia hasta él.
Otro método utilizado es cuando alguien que forma parte de nuestro circulo cercano, ya sea en la oficina o en un grupo de amigos, nos recomienda cierto titulo que a esta persona le parece interesante. El conocimiento que tenga usted de ésta persona obviamente le ayudará a decidir sobre la recomendación.
El caso de las “Ferias de libros” ya sean estas nacionales o internacionales; donde se reúnen escritores y editoriales, me generan cierta sospecha. No obstante, reconozco que en aquellas se puede encontrar un titulo seleccionado previamente.
Existe aún otro método el cual pienso que es más interesante. Se trata de las referencias que existirían al interior de una obra la cual estamos leyendo. En el transcurso de ésta, van apareciendo ciertos hilos que nos llevan a enfrentar a otros autores y sus obras. Quizá, no es la primera vez que sabemos de ellos y esto funcionaría como una especie recomendación inconsciente, que inexorablemente, nos lleva a la búsqueda de aquel otro autor; azaroso ¿Cierto?

domingo, mayo 25, 2008

Entrevista

Ya sueñas con levantar vuelo ¿Cierto? No me digas que nunca has imaginado como será desplegar esas alas (tus alas) sobre esos alisios por vez primera; que nunca has imaginado tu cuerpo en pleno vuelo ascendente. Ráfaga de viento, haciendo abrir tus ojos al mínimo. Arden tus ojos. Acudan pues, lágrimas a ellos: Aprovecha llorar lo que dejas…

¿Me escuchó, señor?

Perdón… ¿Cuál fue su pregunta?

Le repito: Qué ave le gustaría ser.

domingo, mayo 11, 2008

Alonso de Ovalle

Abrí de manera azarosa el libro dedicado al ‘reino de Chile’ y que fuera escrito por, quizá, uno de los primeros hombre en apreciar éste lado de la América colonial: Alonso de Ovalle. El mencionado libro logró su primera publicación en Italia en 1646; tuve oportunidad de leer una traducción en una biblioteca hace unos años atrás, no recuerdo cuantos, quedando gratamente impresionado no sólo por su prosa, sino también por el profundo cariño que transmite su autor por ésta tierra. Tarea en principio nada fácil, fue tomar ese enorme volumen y ponerme el objetivo de descifrar su encanto. Sin embargo, una vez que fui atrapado por sus páginas me fue imposible no esforzarme por conseguir una copia del libro, que afortunadamente encontré en una editorial.
Alonso de Ovalle, realiza en su obra, un trabajo de recopilación que incluye relatos entregados por habitantes naturales que hablan de las bondades de ésta tierra. Incluye una completa descripción de la geografía del lugar; explica como se manifiestan las estaciones y su duración; de la amplia variedad de plantas medicinales y muchos otros temas. Obviamente dedica una buena parte del libro para explicar cómo se ha desarrollado el trabajo evangelizador en el reino a través de sus misiones y el empeño constante de sus religiosos con la comunidad.
Habla de una lugar que resultó ser mí país. Realizó una semblanza de ésta tierra en sus inicios, quizá, más remoto. Se esforzó en sacar de la noche del tiempo, los primeros llantos de parto de una nación que nacía; trajo voces que de otro modo se hubiesen perdido en esa noche; hizo presente un siglo XVII que latía con fuerza en ésta tierra. Un trozo de tiempo valioso que afortunadamente éste insigne hombre nos obsequió.
De una manera lúdica podría decir que ésta nación tiene a dos personajes que ayudaron a elevarla entre las otras naciones del sur: Alonso de Ovalle y su Histórica relación del reino de Chile sería nuestro Heródoto; así mismo, Alonso de Ercilla y su obra La Araucana sería nuestro Homero.

jueves, mayo 01, 2008

Intermedio I

Hay un bullicio literario allá afuera. No se sabe dónde empieza, mucho menos dónde termina. Tratamos de entender con mayor o menor éxito, el fenómeno que afecta al mundo de las letras; y no sólo desde el punto de vista académico sino también del lector masivo, aquel que consume literatura frecuentemente. En este nuevo ‘status’ de la literatura han surgido temas como: La muerte del libro; el nacimiento de un nuevo tipo de lector; Las bondades de la tecnología a favor del nuevo formato ¿Sigo? Por ahora no.
Usted ya intuye de qué trata todo esto. Es (o debiera serlo) una persona informada. Tampoco pretendo decir lo que usted debe pensar sobre todo este fenómeno; lo que quiero compartir con usted, avispado lector, es un momento de tranquilidad en su etapa creativa. Porque yo sé que usted es un escritor furtivo, anda a la caza de una musa. Le deseo suerte en ese trabajo. Le recomendaría sí, que no perdiera tiempo en sitios donde la creatividad individual queda subordinada a una nueva forma de política. No sea útil. Así mismo, le recomiendo que visite los ‘blog’ que tengo seleccionado en la zona de link, a la derecha de su pantalla.

martes, abril 08, 2008

Estados asombrosos

Al igual que viajar en una estrella binaria, navegas entre una y otra dejando una estela de partículas subatómica para no extraviar el rumbo.
Lo lamentable de esta realidad es no poder modificar la configuración natural de estas dos estrellas y sólo aguardar que termine su ciclo en la forma de una súper nova –en este caso- y aprovechar la fuerza de la explosión que te lanzará junto a su flujo de partículas a otro lugar del universo que ni siquiera has imaginado. Sólo resta esperar.
¿Has bebido agua desde un arroyo cordillerano? ¿Has visto el reflejo del sol distorsionado por la corriente? Hermoso ¿Cierto? Imagínate cuando experimentes la brisa que proviene desde un océano de metano.

martes, febrero 12, 2008

Hora de cenar

Tenga a bien poner una cazuela con agua y sal a hervir. Una vez hirviendo, coloque en su interior una porción generosa de spaghetti. Mientras, en una sartén coloque abundante aceite de oliva extra virgen a calentar, agregue uno o dos dientes de ajo cortados en láminas. Deje que este noble producto suelte todos sus aromas y sabores sólo hasta el momento que se comience a dorar. Una vez que esto ocurra, retírelo del aceite. Apague el fuego y déjelo entibiar.
Cuando la pasta éste a su gusto, haga lo que ya imagina: Escúrralos de agua. Viértalos en la misma cazuela. Agregue el aceite y un puñado de perejil fresco recién picado.
Acompañe éste plato con lo que Dios le dé a entender. Sugiero un vino tinto liviano y joven, verbigracia: De una cepa carménère. Provecho.

jueves, enero 24, 2008

Líneas y abertura

Quisiera que cada palabra encajara perfectamente con la otra. Que la suma de todas ellas expusiera, desnudo, éste humano universo. Universo entendido a través de apenas una pequeña mirada entre las sombras de una noche. En ella, breve abertura de sombra, hemos creído entenderlo todo. Mas no se puede. Lo hemos intentado a lo largo de la literatura humana con la secreta ambición de permanencia. ¿Qué era aquello (o qué éramos...) que no quisimos olvidar, al momento de marcar una superficie?

Un abrazo para ti

miércoles, enero 02, 2008

Cuarenta y cinco segundos.

- Están preguntando por ti
- ¿Dijiste algo?
- No, nada. Pero se está tornado un poco incomodo...
- Tranquilo, no le des más importancia. La gente en su conjunto –humanidad- entró a esta suerte de ‘nueva era’ patrocinado por la tecnología y tienen la sensación de haberse expandido intelectualmente y les provoca ese desagradable estado parecido al de la ubicuidad. Siendo en la realidad, todo lo contrario. Pero en fin, no digas algo.
- ¿Qué quieres decir con tu frase: “Siendo en la realidad, todo lo contrario”?
- Simple querido amigo: El individuo se contrajo. En éste fenómeno, especial cuidado se deberá tener con el uso de las palabras para explicarlo.
- Entiendo. Te dejo amigo, iré a observar la figura que describe una hoja en su caída. Y descuida: No te he visto.
- Gracias. Vuelve.
- Siempre.

miércoles, noviembre 28, 2007

Punto de vista

El ser escritor es, sobre todo, un acto de humildad hacia uno mismo. Nada logra aquel que oculto en una pagina en blanco, intenta asomarse suplicando una inspiración que siente, le es mezquina. Del mismo modo, considero un despropósito compararnos o inspirarnos, por ejemplo, con el trabajo de un escritor consagrado. Utilizarlo como referente estilístico, quizá. Y es que en definitiva, creo más en el trabajo honesto e individual del escritor que en una supuesta ‘inspiración’ que nos llevaría a la conclusión de una obra casi maestra.
Si quiere escribir, escriba. Olvídese de esas inseguridades que nada bueno dicen de usted. Y no sigo con este texto para no quitarle más tiempo a su trabajo literario. Suerte.


miércoles, noviembre 14, 2007

Porfía Literaria

Por razones de fuerza mayor, mi vida ha tomado un curso que siempre, de manera inconsciente, soñé. En este caso, el termino sueño, no tiene esa carga que anuncia algo maravilloso o literariamente ‘onírico’ sino más bien la calidad fisiología de un sueño, nada más.
Dentro de este estado el cual rebasa las posibilidades o fronteras del sueño. Porqué tenemos que aceptar que la realidad supera ampliamente nuestra imaginación ¿O no, dice usted? He tenido la oportunidad de acercarme a la literatura, me convertí en un lector frecuente. Siempre he tenido contacto con los libros. Y esto me ha llevado a querer intentar lo mismo con la escritura, tarea nada fácil para alguien que dista mucho de tener una buena relación con ésta última. No obstante, tengo la convicción que con tiempo y disciplina, más una buena cuota de imaginación, alcanzaré el objetivo.
Les dejo un aforismo atribuido a Zenón:
“Una obra para que bien se haga, poco a poco debe hacerse, y que no se debe tener en poco por esto.”

domingo, septiembre 02, 2007

Caja de Cambios

Las cosas cambian a través del tiempo. Todo en el universo es mutable, entonces: ¿Por qué afecta tanto ese transito?
Nosotros mismo cambiamos, desde que nacemos estamos en ese proceso que de manera inexorable nos convierte casi en una hoja a merced del viento, provocándonos una no pequeña dosis de vértigo e inseguridad –sobre todo en la adolescencia- que nos acompañara por el resto de nuestras vidas. Nos afectará en la forma que vivimos; en la manera en que nos vestimos; en la manera que nos comunicamos. Hasta nuestra moral muchas veces se verá afectada por nuestro ‘transito’ provocándonos más de un conflicto interno.
Con el correr de los años en nuestras vidas vamos generando herramientas para contener esa inestabilidad provocada por el proceso de cambio. Nos volvemos duros o indolentes, inclusive desarrollamos una cierta agresividad con nuestro entorno. No nos comprometemos en muchas cosas, por el contrario, preferimos convertirnos en ‘observadores’ y manejar el mínimo de variables a cambio de una incierta estabilidad.

martes, junio 19, 2007

Rayando muralla

Ahora que estoy redactando éstas líneas se me viene a la cabeza la idea de estar en una calle de amplios muros en los cuales estoy rayando palabras y las dejo sólo expuestas a mí. Después de todo, que es lo realmente importante de todo este asunto. Ni por un momento pensemos en las expectativas que imaginábamos a principio de los ’90. Les menciono un solo paradigma: Libertad ¿Recordamos?
Libertad para que (Ya me hice esa pregunta en otro texto...) Marchemos todos juntos hacia una sociedad libérrima la cual sea bla, bla, bla... Sigue navegando amigo(a) por ahí espero encuentres lo que buscas. Pero en cuanto a la libertad, olvídalo, como la has buscado hasta ahora estarías en un error. Piénsalo así: La libertad es más un efecto que una causa. Suerte