lunes, septiembre 01, 2008

El libro del tiempo

Pidió ser conducido hasta la pequeña biblioteca que se ubicaba en la esquina izquierda de la abadía. Luego de esperar un momento, un religioso lo acompañó hasta la puerta de entrada y se marchó. Entró con pasos apurados hasta una pequeña mesa de estudio, la cual se ubicaba bajo la única ventana por la que entraba un débil sol invernal. Dejó sobre la mesa algunos alimentos y una provisión de aceite para la lámpara; desenrolló un papel que se encontraba previamente atado por un cordel, el que fue retirado cuidadosamente. En este, se podía leer algunos signos, los que entregaban indicaciones de alguna especie de catálogo. Lo vio con calma por unos minutos y se dirigió hasta los estantes que se elevaban por toda la pared de la biblioteca; contó las filas, luego las columnas y ayudado por una escala, subió algunos metros de peldaños. Tomó con dificultad un voluminoso códice y bajó con todo el cuidado; sintió un cosquilleo en la nariz que casi le hizo estornudar, con el consiguiente riesgo de caer o dejar caer el pesado códice. Llegó al nivel del suelo y se dirigió con cierta ansiedad hasta la mesa de trabajo y sintiendo la proximidad de sus captores, se dio a la tarea de descifrar los escritos.

Dos días antes de su arribo al monasterio, pudo localizar a la persona que estuvo con él al momento de realizar el hallazgo. En aquella oportunidad, la arqueóloga y filóloga a cargo del grupo de excavación, supo perfectamente bien el riesgo que se corría al dejar en las manos equivocadas, tan valiosa información. Por esa razón, estuvo dispuesta a cooperar y guardar silencio.
Está usted segura, que los datos contenidos en este rollo no han sido vistos ni copiados por nadie –Le preguntó a la mujer, que mientras ésta le pasaba el rollo, recibía de aquel el dinero acordado-
Descuide, nadie más lo ha visto –Le dijo con voz convincente- He recibido mucha presión para confesar la existencia de este rollo. Le prometí conservarlo hasta su regreso y he cumplido, sólo espero que sepa lo que está haciendo.
El hombre no supo descifrar el mensaje que decía la mujer con sus palabras en combinación con su mirada. Sólo atinó a forzar una sonrisa acompañada de una mirada dubitativa
–Vendrán por mí muy pronto, sólo le pido que los distraiga todo lo que pueda, para ganar un poco más de tiempo- Le decía a la arqueóloga, mientras guardaba nerviosamente el rollo recién entregado, en su chaqueta terracota.
- No se preocupe, tendrá todo el tiempo del mundo…

Los integrantes de la hermandad, andaban tras los pasos de él desde el momento que arribó al país, no querían correr el riego de dejarlo escapar esta vez. Siempre fue considerado como una amenaza, sobre todo, desde que se involucrara en los trabajos de excavación en el sur de Turquía y el rumor que en aquella oportunidad, se había logrado el hallazgo de las indicaciones para la interpretación de cierto libro. Esto puso en alerta no sólo a aquella hermandad, sino también a toda la iglesia. Así fue que con la utilización de un grupo de informantes, se dieron a la tarea de detenerlo lo antes posible para interrogarlo sobre sus hallazgos. La arqueóloga fue una de las personas que recibió la visita de este grupo, luego de ahí, las pistas los condujo hasta el monasterio.

Siguiendo las indicaciones del rollo, empezó a reunir cada palabra en una hoja, cuidando de no cometer error alguno en la transcripción del texto. Su prolijidad al trabajar sólo demostraba la profunda humildad de su empeño. A pesar de saber la inminente presencia de sus captores, intuía cercana su libertad; sus años de estudio y sacrificio podrían tener una recompensa siempre y cuando alejara de él el deseo vehemente de éxito y fama. Resonaba en su cabeza una oración medieval hecha canto, la cual siempre le entregó tranquilidad ante la presencia de desasosiego. Mientras mezclaba una y otra palabra del códice, sonaba en él esa melodía. Las líneas de palabras estaban ya escritas y sólo quedaba iniciar el ciclo de pronunciación mirando simultáneamente la imagen que correspondía a la palabra. La lámpara alumbraba de manera tenue las anotaciones realizadas en el papel. La primera palabra se podría traducir como “piedad” y el ícono correspondiente, era un cuerpo decapitado; la segunda palabra significaba “vientre” y su ícono era una crátera; y así continuó con las palabras e íconos siguientes.

Al llegar al monasterio, exigieron la presencia del abad inmediatamente, a quien le pidieron que les enseñara la ubicación de la biblioteca de la abadía. El abad no pudo oponerse a la petición hecha por los visitantes, trató de demorar al máximo sus pasos, lo cual irritaba al resto del grupo, no obstante, se dirigían inexorablemente hacia la biblioteca. Una extraña vibración se podía percibir en el ambiente, el aire se volvió enrarecido y pareciera que los pasos provocaban un sonido metálico; el nerviosismo de todos fue evidente. Uno de los hombres del grupo pudo intuir cual era la puerta de entrada y aceleró la marcha sobre los demás, inclusive, del propio abad. No permitiría que escapara esta vez, no si él podía evitarlo. La vibración entonces se hizo más fuerte y se traspasaba a los muros generando un ruido que envolvía toda la estructura. Los hombres se quedaron petrificados ante el fenómeno, pero no así el que se había adelantado. Una luminosidad salía por debajo de la puerta la cual dejaba en evidencia que allí se encontraba su objetivo. Entre el pánico y la confusión sólo atinó a darle una patada a la puerta para derribarla, pero justo en ese momento, una fuerte luz blanca encandiló a todos haciéndolos cubrir sus ojos.
Cuando todo hubo terminado, entró presuroso el grupo de hombres junto al abad, sólo para constatar que aquella biblioteca, apenas alumbrada por una lámpara de aceite, estaba vacía.

7 comentarios:

SBM dijo...

Estimado Sr. Ferragus. M A G I S T R A L.
Pero me quedo con ganas de más. Quiero saber más del protagonista y de la arqueóloga, la filóloga y de esa (supongo) malvada hermandad, de las circunstancias de la excavación...

Con suma facilidad, le veo en disposición de escribir un best seller de historia y misterio.


un saludo afectuoso compañero

Ferragus dijo...

Gracias, estimado SBM. Con tus palabras de ánimo, terminaré por creer en un proyecto semejante.
Agradezco tus palabras hecha amistad.

Un abrazo.

Anab dijo...

Misterio, intriga, abadías, arqueólogas, hermandades maléficas, alguien que lleva toda su vida trabajando en excavaciones. Códices latinos... usted está trabajando en algo gordo caballero.
Coincido con sbm en que tendrá que continuar la historia, para no dejarnos tan intrigados.
Besos gordos transoceánicos.

Ferragus dijo...

La verdad, estimada Anab, también quedé intrigado. Existe una parte de un capitulo, que intenté desarrollar en algún momento. Veré si puedo retomarlo, tengo mis dudas. Pero como adelanto te diré que se desarrolla en una ciudad española, ubicada en la costa del Mediterráneo.

Tu visita me alegra. Besos.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Si es una parte de un todo, espero que podamos leer el completo. Ánimo con la literatura.

Cecilia Alameda Sol dijo...

http://www.20minutos.es/premios_20_blogs/categorias/ficcion/

Este es tu concurso. El de ficción.

Ferragus dijo...

Gracias por tu estímulo, Cecilia. Es un esfuerzo que realizo con mucho cariño y respeto hacia los que podrían leer estos textos. Tu visita, sólo amplía mi anhelo de nuevos relatos.

Besos