miércoles, octubre 07, 2009

Brevedad con nube

Usted me acompaña en la ascensión de un cordón cordillerano, hágase la idea; nos ha llevado toda la mañana llegar casi a la cima de dicho cordón; éste tiene una inclinación de cuarenta y cinco o cincuenta grados, aproximado; calculamos que nos encontramos a unos respetables dos mil novecientos metros de altitud; nuestros rostros están bañados en sudor por el cansancio y el esfuerzo: falta poco, ánimo. A unos doce metros de la cumbre, y mientras tomamos el último aliento, damos una mirada hacia el paisaje a nuestras espaldas; una suerte de delicioso vértigo recorre nuestros cuerpos, terminando en la punta del cabello; nos miramos y sonreímos satisfechos por el logro que nos espera unos pocos metros más arriba; durante esa mirada que compartimos con emoción, la sensación térmica baja de manera abrupta, refrescando nuestros agotados cuerpos; de súbito, y acompañado de un viento frío, emerge justo del otro lado de la cima, una masa nubosa que pasa rauda, en loca carrera hacia el interior del valle; es enorme, su panza negra por la espesura, nos regala una sombra que se extiende por apenas veinte segundos; quedamos maravillados al observar su, ahora, lomo blanco, mientras baja y se aleja.

4 comentarios:

ANABEL dijo...

Me encantó la imagen, y casi, casi me rozó esa nube enloquecida.
Una descripción muy buena, muy vivida.
Besos

Ferragus dijo...

Pues bien; con imaginación hago que seas tú la que entonces, sintiéndonos tan pequeños y breves, por causa de una “simple” nube, me sonríes.

Besos.

SBM dijo...

Me pregunto si habrás tenido la suerte de experimentarlo, o sólo lo has ascendido con la imaginación.

En cualquiera de los casos, yo te he acompañado.

Ferragus dijo...

Estimado SBM: Qué grata resulta tu visita.
Tuve la oportunidad de vivir semejante experiencia, y alegra saber que también estuviste allí. Son de aquellas cosas que nos suceden; nos abarca y envuelve; nos hace ser lo que hoy somos: simples recuerdos hecho presente.
Un abrazo y mí amistad.

PS
A propósito de la memoria: aún recuerdo vuestras arrancadas nocturnas para ver aquellas películas de terror.