domingo, julio 12, 2009

Alameda, esquina San Ignacio

-Qué estará esperando que no sale de ahí. Hace como una hora que cambió la luz del semáforo y aún no se mueve...
-(claxon)
Una cosa era no interrumpir la clase del kindergarten, manteniendo una actitud de orden y disciplina; y otra muy distinta, entender qué era lo que se le intentaba decir a través de la clase. Algunos años antes, hacía inteligible el fenómeno de la obscuridad y su implicancia; entonces, la actividad quedaba circunscrita al interior de la casa, lugar que siempre resultaba peligroso por sus múltiples restricciones impuestas por los padres, especialmente por la madre. Asomado algunas veces a la ventana que daba al patio, creyó verse a sí mismo con sus juguetes entre el manto de obscuridad. Alentado por su precoz ingenio, creó en una oportunidad, un juego que le permitió generar su propia obscuridad nocturna: Tomó una caja de cartón (de calzado, para ser más exacto) y le realizó un pequeño agujero por donde podía ver a su interior; acto seguido, cubrió algunos juguetes con la caja y miró al interior por el orificio, constatando que dentro de la caja, ya era de noche; con la excepción de algunos rayitos de luz que se colaban por los bordes de la caja, en contacto con las irregularidades de la superficie del suelo.
Ahora sucede que debería conformar su propio grupo familiar, permitiéndole canalizar tanta cosa que sucede en su interior; somatizando en cuerpos ajenos, miedos y afectos que le son inherentes desde su nacimiento, o quizá desde su concepción. Entendiendo con los años, y ante su manifiesta vejez, que toda vida, es apenas un intento.
La fila comienza lentamente a moverse.

4 comentarios:

ANABEL dijo...

Me quedo con eso de que la vida es apenas un intento. Certero. ¿Padecía este individuo un cierto vértigo al comenzar una nueva fase en ese intento?.
Besos

Ferragus dijo...

Corría el año mil novecientos noventa y dos, e inmerso en aquella fila eterna de automóviles, desde mí carro pude apreciar a un hombre que pedía limosna. Por un momento también yo pedí limosna; y en ese trasvasar, apareció o mejor dicho quedó, ese sabor a intento.

Un beso, Anabel.

Natalie Sève dijo...

Querido Ferragus:

La visión de este texto me deja le impresión de ser un comienzo; el de una enfermedad y el de una magnífica oportunidad al mismo tiempo...

Un beso..
Natalie.

Ferragus dijo...

Esperanzadora visión la que intuyes, Natalie. Gracias por tu presencia.

Un beso.