martes, enero 20, 2009

Almuerzo familiar

Acercó su enorme cuerpo a la mesa, hasta el lugar que fuera ocupado por él, casi desde el inicio del tiempo (al menos, del mío) Se podía apreciar el cansancio en su rostro sudoroso, con sus manos agrietadas de tanto arañar el sustento. La mujer le sirvió un plato de algún guiso improvisado con las sobras del día anterior. Da pena la pobreza. Con la mirada clavada en el rostro de aquella mujer, le hacía desear a ella, que pasara rápido el tiempo de almuerzo, que nada interrumpiera aquella precaria quietud (por mí, supongo) Entonces, una llama se encendía en los ojos de cada uno; las palabras comenzaban a pesar tanto como el plomo e hiriendo como trozos de vidrios. Y ante la inminente agresión, comenzaba a construir un diálogo secreto entre ellos que sólo yo escuchaba. Lo construía con la imagen de una sonrisa infantil despreocupada; la sensación de una brisa fría refrescando tu rostro; el sabor de un durazno maduro; el sonido de un beso breve sobre tu mejilla; la compañía de quien tú quieras bajo una arboleda; el sonido de las hojas arrastradas por el viento; el aroma de la tierra húmeda; el ladrido de un perro desconocido; el canto del arroyo entre las piedras; la seguridad para tu pisada; la piedad para entender el agravio; lágrimas de pura alegría; la compañía de un alma pacífica; la sonrisa de los que más quieres; el estremecimiento ante lo bello; la melodía que tú elijas; el sonido del trueno arrastrado por el viento; el aroma de tu comida favorita; la búsqueda de imágenes entre las nubes. Por nombrar algunas.

9 comentarios:

SBM dijo...

Me gusta el relato, es muy inquietante, produce desasosiego, se puede imaginar uno mismo también sentado a la mesa y como "las palabras comenzaban a pesar tanto como el plomo e hiriendo como trozos de vidrios".
Un abrazo

Ferragus dijo...

El año recién pasado, estimado SBM, abundó en los medios de comunicación de mí país, las noticias en relación a la violencia intrafamiliar. El tema fue abordado en programas de conversación por especialistas, que trataban de explicar el origen de este problema social. Las razones, para la mayoría obvias, inclusive desde la intuición, terminaban en una especie de correlación numérica, acompañadas de gráficos y testimonios, supongo que por una cuestión de tiempo televisivo y ‘rating’. En fin. En todo ese tiempo terminó por aparecer en mí, una imagen como producto residual de tanta información, y en ella pude apreciar a éste niño que transformé en relato.
Gracias por tu visita, estimado SBM. Siempre es grato leerte.

Ten salud.

PS
Luego comento una fotografía en tu publicación más reciente.

ANABEL dijo...

Coincido en el desasosiego que me produce esta entrada. Creo que además estás utilizando un lenguaje que crea imágenes propias, y eso le da mucha potencia, por ejemplo, cuanto hablas de "sus manos agrietadas de tanto arañar el sustento", o el párrafo que refiere SBM.
Me gustó mucho.
Besos

Ferragus dijo...

Alegría provoca tu visita, Anab.
Sí es verdad, el texto quedó con aquel acento. No puedo dejar de imaginar el miedo en los ojos de aquel niño y su intento por modificar su cruda realidad.
Eres un amor, Anabel ¿Te lo he dicho? Lo sabes.

Besos, querida amiga.

La Palo-ma dijo...

auch

Da pena la pobreza.
Muy ágil el texto. Me encantó.


cariños.

(p+)

Ferragus dijo...

¿Ves? A esto me refería la semana pasada, cuando te adelanté el texto. Tu onomatopeya no puede ser más acertada.
Besos, Paloma, besos.

La Palo-ma dijo...

estoy atenta

Cecilia Alameda Sol dijo...

La pobreza de tantos seres humanos, algunos de los cuales ni siquiera tienen el arma de la imaginación para evadirse.

Ferragus dijo...

Cuánta razón en tus palabras, Cecilia. Tanto el dolor, tantas las carencias, masas de gentes confinadas a la miseria.
Quizá, aquella pobreza, finalmente extinguió toda oportunidad de imaginación ¿hacia dónde huyen ahora los niños?

Tu visita trae amor, Cecilia. Gracias.