martes, agosto 05, 2008

Amigos en el desierto

El sabía que la única posibilidad de salir de ese desierto, era realizando las jornadas de caminata por la noche. Con una provisión de agua que difícilmente alcanzaría para un par de días, se dio a la tarea de optimizar aún más su consumo.
Tras de él, quedaron los cuerpos de sus dos mejores amigos confundidos entre los fierros retorcidos de la aeronave. No dejaba de culparse por no haber impuesto su opinión de lo peligroso que resultaba realizar ese vuelo rasante sobre el salar, sabiendo que las diferencias térmicas en las capas inferiores podrían causar una falta de sustentación de la aeronave. Pero no, prefirió confiar en las manos del que hasta ese momento, fuera su amigo desde los años de colegio y sólo se limitó a intercambiar miradas nerviosas con su otro compañero de asiento que disfrutaba las maniobras y la proximidad del paisaje.
Al llegar el día, se daba a la tarea de buscar un lugar que le permitiera refugiarse del sol y de su peor compañera: La deshidratación. Su contextura más bien delgada y estatura mediana, le otorgaba un cierto aire de debilidad física, sin embargo, poseía un carácter que le permitía sobreponerse a singulares situaciones, por extremas que estas fueran. Prueba de ello, fue aquella oportunidad en la que siendo apenas un joven, salvó a su prima de ahogarse en las aguas de un río que ya reclamaba el cuerpo de la muchacha.
Pero ahora lo intuía distinto, una sensación extraña perturbaba su mente; por momentos se culpaba el haber abandonado los cuerpos de sus dos amigos y no haberles procurado sepultura. Pensó en volver durante todo ese día, -pero, para qué- se preguntaba. Sus amigos ya no lo necesitaban, los recuerdos de ellos serian las únicas cosas que conservaría; recordaría las tardes de conversación y lo mucho que les gustaba discutir sobre filosofía hasta altas horas de la noche. Inclusive, uno de ellos manifestaba su agrado con la idea que su cuerpo quedara olvidado en la tierra –Tan ecológico, este muchacho- se burlaba uno de ellos y todos reían de buena gana.
Cuando comenzó a caer la noche y después de dar un sorbo de agua, se puso de pie y comenzó a desandar el camino recorrido; su objetivo era claro: Ver a sus dos amigos nuevamente. Sintió lo absurdo de su decisión, lo poco razonable que estaba siendo y el riesgo cierto al que nuevamente se exponía considerando lo limitado de su reserva de agua, pero no le importó ¿Era una absurda nostalgia? ¿Un cargo de conciencia? No llegaban respuestas para esas preguntas, por lo tanto, decidió volver al lugar del accidente y una vez estando allí pensaría qué hacer. Por otro lado, aún quedaba otro envase con agua que no pudo llevar en su momento, a demás, sería bueno rescatar el botiquín que seguramente contenía medicamentos que podría necesitar.
Ajustó sus horarios de marcha, lo que le permitió llegar al sitio del accidente con el amanecer. A lo lejos se divisaba los restos del fatal accidente y tuvo la sensación de un hielo recorriendo todo su cuerpo acompañado de una infinita paz que le hacía sentir como si sus pasos estuvieran levemente por encima de la superficie del suelo. Sí, ahora se encontraba tranquilo ante la imagen del desastre, como si se hubiese sacado una roca de encima, la cual casi reventaba sus huesos. La certeza de lo correcto en su decisión, le entregaba la tranquilidad y aceptación de ver entre los fierros retorcidos, los restos de aquellos tres amigos.

8 comentarios:

rohit dijo...

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Anónimo dijo...

cuidado con ese comentario primero. está en muchos blogs... huele mal, a virus

SBM dijo...

Estimado Ferragus, sigo pensando ese apodo más que por el Sr. Honorato por el gigante medieval. Heme aquí sentado disfrutando de unas "semivacaciones" y con la tranquilidad suficiente para leer con atención los blogs que me gustan. No sé si no he descansado lo suficiente, y lo que voy a decir es una tontería y no he alcanzado la profundidad del texto, pero eran dos o tres amigos?. En cualquiera de los casos, es un relato muy bueno.
Saludos

Ferragus dijo...

Que bueno saber de ti, estimado amigo.
La verdad es que el texto no presenta ninguna dificultad, es demasiado obvio. Efectivamente eran tres amigos, tomé a uno de ellos y me di cuenta que aún no aceptaba su condición de muerto. Sintió que podía salir de aquel desierto, que lo lograría. Pero no, su destino estaba ya echado, él había muerto con los otros dos. Por eso “vuelve” al sitio del accidente donde finalmente descansa.
Espero que disfrutes ese tiempo del que dispones. Siempre es grato leer tus comentarios. Un abrazo SBM.

PS
Buscaré información del personaje que aludes.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Imagino la escena, la silueta del caminante, y se me ponen los pelos en punta, la garganta se seca... Pero él era un verdadero amigo

Ferragus dijo...

Tienes razón, Cecilia. Por lo visto, fueron buenos amigos. Por un momento pensé, dejarlo vagar eternamente por aquel desierto en busca de una salida, pero creo que no hubiese sido lo mejor.
Me alegra tu visita.

Anab dijo...

Me gustó mucho el relato. ¿Una huída onírica del tercer amigo?.Yo había pensado que había vuelto a dejarse morir con los otros dos, hasta que leí tu comentario.
Sé que no te lo vas a creer, pero hasta ahora no había tenido un ratito para leerte.
Besos veraniegos y transoceánicos.

Ferragus dijo...

Anab, que grato verte por este espacio. Me alegra saber que te ha gustado el relato. Como le expliqué a SBM, el personaje se me arrancó, créeme que intenté sacarlo de ahí; luego, casi al final, su insistencia por volver al lugar, me hizo entender que también él había muerto. Cosas de las letras.
Y descuida por tus momentos de ausencia, deseo que en ellos encuentres tranquilidad y cariño junto a los que quieres. Te estaré esperando.

Un beso, Anab.