lunes, julio 14, 2008

Vicuña Mackenna

Un día extrañamente soleado sobre Santiago fue el escenario de una nueva visita a un museo ubicado en el centro de ésta capital, que desde mis días de colegio no visitaba. En una suerte de digresión, comentaré lo extraño de ese día soleado considerando la estación en que nos encontramos: otoño. De él, a la fecha, nada se ha visto aún; la falta de su contundente presencia que a parte de manifestarse en la caída de hojas, también se veía reflejado en vientos fríos y nubes en altura; de todo eso, de su ocre presencia: Nada.
Con el predominio de esas condiciones climáticas, e intuyendo la presencia de cenizas a gran altura sobre la ciudad, patrocinado por la actividad volcánica en la zona austral de Chile, comencé un recorrido sobre objetos que pertenecieron a un personaje público y quien dedicará todo su esfuerzo, a mejorar el rostro de una nación que se arremolinaba en su capital. Este personaje (ilustre a mí entender) fue el señor Benjamín Vicuña Mackenna.
No quiero referirme al hombre hecho personaje, tampoco a su ascendencia y privilegios concordantes con sus responsabilidades, sino más bien a la psicología de este hombre. Y para lograr este cometido debemos situarnos en el tiempo con el cual tuvo que vérselas nuestro ciudadano.
Corría un joven siglo diecinueve cuando nació nuestro hombre, su patria daba los primeros pasos como república y requería de todo el esfuerzo y trabajo de su gente. Él lo supo no por una cuestión instintiva, sino más bien, por una educación que lo llevó a despertar de manera organizada aquellas ansias de libertad e igualdad de los hombres. Profundamente americanista, entendió el fenómeno que se estaba germinando en cada uno de los pueblos de este joven continente. Fue así que se lanzó en esta empresa que tenía como fin, lograr el bienestar de su gente a través del acceso de todos sus ciudadanos a la organización del nuevo estado. Entendió de manera muy clara una frase que para nosotros es casi un cliché: Justicia social. Conoció de cerca los principios de los movimientos anarquistas de aquella época; conoció a Francisco Bilbao, destacado por su intransigencia con las clases dominantes; Santiago Arcos y su fuerte influencia revolucionaria francesa; conoció los principios de la llamada “sociedad de la igualdad”. En fin, entendió todas las vertientes que se desarrollaban, no sólo en Chile sino también en el resto de América. Un dato no menor, fue alumno de uno de los hombres más destacados de América: Andrés Bello.
Le provocaba dolor la presencia de niños en medio de la miseria humana; lugares que se prestaban para el desarrollo de los vicios y conductas degradadas. Esto hace pensar en un hombre que se conmovía ante el dolor ajeno. Sabía que el estado era impotente ante esa realidad de sus compatriotas, eran los llamados “desheredados” Quizá ese dolor que él palpaba; esa carencia de toda oportunidad; la degradación más brutal de la condición humana, fue el impulso para desarrollar su proyecto de vida que se vio materializado en sus múltiples cargos públicos, los que tenían como objetivo el bienestar de una ciudad para sus habitantes. Fue así como se empeño en organizar el crecimiento de la ciudad; rescatar lugares para el uso público; preocuparse por el abastecimiento de agua potable; emprender proyectos de seguridad ciudadana, entre los más destacados.
Su pluma no fue menor; numerosos libros alcanzó a escribir, entre los que he tenido la oportunidad de leer destaco: El ostracismo de los Carreras; Guerra a muerte; Diego Portales. Entre otros.
Entonces usted comprenderá, estimado lector, la agradable sensación que sentí al salir de este museo que recuerda a uno de los hombres preclaros de mi patria. Camino por una avenida que lleva su nombre y entre los rostros que se cruzan ante mí, me voy perdiendo entre esa multitud, conformando un futuro que imaginó un hombre hace muchos, muchos años.

12 comentarios:

Cecilia Alameda dijo...

Vuestra historia debe ser muy interesante, al menos para los que tenemos lazos culturales y sociales ligados a los vuestros. Mi admiración por un hombre con conciencia y sentido de la responsabilidad.

Ferragus dijo...

Es verdad, Cecilia, una historia hermosa. Si vinieras hasta estas tierras a ciega, no te extraviarías: Tu sangre te guiaría.

Un beso.

B&R dijo...

Gracias por traernos trazos de la vida de esta persona que construyó el futuro. Sinceramente, no lo conocía me quedé en Mencia de los Nidos (paisana mía).

Un saludo

Anab dijo...

Hola amigo:
Me han gustado varias cosas de tu entrada. La primera y es evidente, que nos des a conocer a D. Benjamin (ahora voy a profundizar en la Wikipedia), y saques del olvido a algunos, y de la ignorancia a otros (como a mi).
Lo otro que me ha gustado más estético: como describes la ausencia del otoño en Santiago.
Besos veraniegos

Ferragus dijo...

Gracias a ti, estimado b&r, por contar con tu lectura. Si utilizas “Google” y realizas una búsqueda con el siguiente criterio: “Cerro Santa Lucia” y luego, en la parte superior izquierda del despliegue, seleccionas “Imágenes”, podrás ver algunas fotografías interesantes que dan una muestra del trabajo proyectado por nuestro personaje.

Un abrazo, estimado b&r.

Ferragus dijo...

Mí estimada, Anab. Es bueno (creo yo) rescatar del peso de la historia a algún personaje y actualizar su figura. Darme a la tarea de escribir sobre estos hombres, me permite romper un poco la apatía, y a la vez, ser un poco más amante de mí tierra.
Me pone muy contento el que te haya gustado la descripción de un otoño que apenas se insinuaba.

Un beso, Anab.

SBM dijo...

Siguiendo tus instrucciones he encontrado un paraje precioso. Con razón mi paisano Pedro de Valdivia le encantó el lugar. Seguro que esos días soleados de otoño le recordaron el sol inclemente de su tierra y por eso la bautizó como nueva Extremadura-
por cosas de "la informativa" ahora soy SBM y no B&R
SALUDOS

Ferragus dijo...

Nada de mal el ojito de tu paisano, Pedro de Valdivia, estimado, SBM. De hecho, en el libro de Alonso Ovalle (el cual comente aquí) menciona la similitud del clima con España:”Fuera de estas ventajas que he apuntado, en todo lo demás es tan semejante el clima y tierra de Chile a Europa, que no hallo diferencia ninguna, y es cosa muy de reparar que en todo lo descubierto de la América no sé que haya rincón ni parte alguna que vaya en todo tan conforme con Europa, como ésta de Chile…”
Un gran brazo, estimado, SMB.

Viviana dijo...

Disfruto leyéndote, buenas descripciones e información interesante...otra vez, un placer.
Cariños,
desde Sentires

La Palo-ma dijo...

Los museos son como las iglesias.

Sólo que faltan bancas donde reposar las penas.


Un Beso en la mano


(p+)



N.B. msn possandon9@hotmail.com

Ferragus dijo...

Gracias por tu visita, Viviana. Espero, encuentres grato recorrer estos textos que a falta de riqueza estilística, abunda en honestidad.
Un abrazo.

Ferragus dijo...

Así es querida Paloma, ese silencio reconforta; hasta podrías elevar una oración pidiendo por tranquilidad.
Tu visita me alegra. Un beso.